Compañías que “paran la pelota” y se repiensan a sí mismas

¿Cómo compatibilizar la cultura ágil de la startup con los desafíos del crecimiento? ¿Es posible que esa esencia siga siendo el espíritu a medida que se escala?

En medio del crecimiento y a medida que escalan, muchas empresas necesitan espacios donde -entre todos- poder consolidar la cultura, analizar su presente y diseñar el futuro. En medio de la vorágine cotidiana, los Open Space funcionan como vehículo de construcción colectiva…

Cuando las startups van escalando y convirtiéndose en compañías de mayor envergadura muchas de ellas se encuentran ante una disyuntiva: ¿cómo compatibilizar la cultura ágil de la startup con los desafíos del crecimiento? ¿Es posible que esa esencia siga siendo el espíritu de la organización a medida que se escala?

Con el crecimiento vertiginoso, puede que algo de la esencia de startup que nos dio origen se vaya perdiendo, sin embargo, queremos que ese estilo y esa forma de hacer las cosas se siga contagiando de forma orgánica, es una tarea diaria”, explica Guillermo López, COO de redbee.

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Con ese objetivo en mente, la compañía organizó una jornada de Open Space en el Centro Cultural Konex en Buenos Aires donde todos los empleados dedicaron el día a pensar y repensar distintos aspectos relacionados a la cultura y el futuro de la empresa. La metodología de Open Space (inventada por Harrison Owen en 1984) apunta a reunir grupos numerosos de personas que se autoorganizan y proponen determinados temas para conversar en diferentes sesiones que suelen ser simultáneas. Los asistentes son libres de asistir y retirarse de las reuniones según deseen.

Según los expertos, estos espacios son útiles para homogeneizar la cultura y la forma de trabajo frente al crecimiento de una compañía. “La clásica idea que los líderes ‘bajan’ lo que piensan los socios al resto de la organización va justamente en contra de lo que buscamos, que es la construcción de algo más orgánico fomentado desde la autoorganización”, explica el facilitador de la jornada, Alan Cyment, coach ágil que junto a su socio Ariel Ber lideran liqueed, desde donde ayudan a las organizaciones a atravesar transformaciones profundas.

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Según explica, este tipo de reuniones son materia prima para un autoanálisis sistémico de la empresa. Es mostrar con hechos la capacidad que tiene un grupo grande de autoorganizarse, no es caos, es una forma de  gestión que emerge dentro del grupo, puntualiza.

La dinámica del Open Space suele ser siempre la misma: para comenzar, se forma un gran círculo donde están todos los participantes con hojas y marcadores. Los participantes van pasando de a uno al centro y tienen un minuto para hacer una propuesta de una “sesión” o “charla”. A la vez, una agenda en blanco en la pared señala horarios y espacios donde van a tener lugar los encuentros.

Esas sesiones pueden explicar o contar una experiencia o un conocimiento/aprendizaje, o bien puede ser una pregunta abierta o pedirle a alguna persona que explique un tema que para otro resulte desconocido. “En este caso tuvo la temática general imaginar el redbee del futuro”, explican desde la compañía.

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A partir de las presentaciones propuestas al comienzo de la jornada, se fue completando la agenda del día. “Los participantes deciden en el momento y por sí solos la agenda del día, nuestro aporte es apenas ayudarlos con la dinámica del evento”, subraya Cyment.

Más de cuarenta charlas tuvieron lugar durante la jornada. La propia lógica del Open Space es que la agenda se decide ese día. No teníamos idea si iban a aparecer temas polémicos o profundos o si iba a ser muy superficial, señalan desde redbee.

El resultado superó las expectativas. “Todo el mundo presentó variedad de  temas de toda índole. No hubo tópicos prohibidos, se hablaron los asuntos que tenían que hablarse. Tenías en un círculo una persona que recién había entrado a la compañía junto a uno de los fundadores, todos debatiendo y proponiendo ideas. Ese espacio en sí mismo ya es una muestra y a la vez un generador de cultura, comenta López.

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Para el cierre de la jornada tuvo lugar una nueva reunión en círculo donde los participantes tuvieron la posibilidad de profundizar sobre las temáticas o sesiones que más les impactaron. “Propusimos una actividad en la que usando una dinámica que se llama Tribus la gente expone qué sesión la impactó más, se forman subgrupos por interés temático y se propone que cada grupo piense su manera de profundizar ese impacto. La intención era que se generen acciones concretas a partir de las charlas, explica Cyment.

El Open Space fue exitoso porque genera ese contagio orgánico en la forma de hacer las cosas”.

En redbee señalan como muy positivo tener tantas nuevas ideas en la cabeza para el futuro. “Luego viene el momento de analizar prioridades, viabilidad de implementación y la eventual concreción, pero es esencial tenerlas presentes. Muchos equipos están evolucionando las discusiones que surgieron a partir del Open Space en acciones concretas”, indica López.

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Para redbee la lógica del Open Space permea en la cultura de la organización. “El Open Space fue exitoso porque genera ese contagio orgánico en la forma de hacer las cosas”.

En definitiva, la experiencia de ver en acción el “latir” de toda la organización es una experiencia enriquecedora. Desde redbee concluyen que una vez que se incorpora el formato, se naturaliza. “Es una actividad con un alto retorno, podemos proponernos hacer uno o dos al año y además versiones más reducidas para compartir conocimiento o debatir ideas o bien entrenarnos en ciertas temáticas”.

Conoce más de la experiencia Open Space de redbee en este video: