Obtienes lo que pagas

Una columna imperdible de Eric Tourtel, Vicepresidente Senior de Teads en Latinoamerica, sobre por qué las gangas no existen en el mundo de los anuncios.

Por: Eric Tourtel (Vicepresidente Senior de Teads en Latinoamerica)

Recuerdo una conversación hace un par de años con la directora de medios de una gran marca de FMCG, después de un evento en el que hablé de viewability. En esa ocasión, me dijo: “Pienso que tienes toda la razón, no debemos pagar por anuncios que no sean vistos, por eso he ordenado a mi agencia que sólo compre espacios visibles a partir de ahora”.  A lo que contesté: “Supongo que les has dicho también que podían pagar más por esos espacios”.

Evidentemente no.

Cuando sólo el 20% de los anuncios son visibles, ¿cómo pretende uno comprar al mismo precio un espacio visible que uno no visible?

En esa misma línea, recuerdo otra conversación hace unos años cuando trabajaba en social video que otro cliente que me decía: “Este competidor tuyo me vende views en esos top publishers por £0,1 y tú me lo vendes a £1. ¿Cómo puede ser?” Le contesté que el CPC (Costo por clic) medio en el mercado era de £0,46 (y para un clic normal, no un clic de finanzas o de viajes) y que este CPC se pagaba aun cuando se reprodujera completamente blind en banners servidos en long tail. Después de esto, le preguntaba si de verdad pensaba que podía conseguir un clic (porque una view era clic para ver) en este publisher de primera categoría por £0,1.

Evidentemente no.

Otra vez, lo mismo. Yo también he visto relojes Cartier a $500 en eBay, con certificados auténticos. Y me encantaría creer que las gangas existen, que he tenido mucha suerte… por eso me compré un Omega a $150 que duró un mes y medio.

Las gangas no existen

En Teads vendemos anuncios que sólo se pagan si son visibles, que se distribuyen solamente en soportes de primer nivel y que el usuario sólo ve si quiere. Me dicen: “Es que tus espacios cuestan el doble que los de esos dos competidores que tienen un alcance similar”.

Pregunto si prefieren distribuir un anuncio que tienes que ver sí o sí para tener acceso al video “Concurso de pedos flambeados” de una plataforma de vídeo, que un vídeo no intrusivo en la mitad de un artículo de El Universal, Globo, Marca o el Washington Post.

(Lee: Yo y mis circunstancias: Entendiendo el comportamiento del consumidor)

O pregunto si vale lo mismo un vídeo que se detiene si no es visible y que sólo se paga cuando se completa, que un vídeo que se paga a pesar de que pierde 90% de visibilidad después de tres segundos -porque tres segundos es el tiempo que necesitas para hacer scroll down en la página móvil de una red social-.

El otro problema es que por querer adaptarse a las peticiones de los clientes se empiezan a descuidar a los usuarios. Los anunciantes quieren vídeo en soportes de calidad, pero eso no era posible antes de que Teads inventara el outstream, por lo que se empezaron a meter pre-rolls, mid-rolls y post-rolls.

¿Los anunciantes quieren el volumen activado? Se lanzan anuncios con volumen hasta en espacios no visibles. ¿Los anunciantes quieren un CTR alto? Se lanzan anuncios que cubren el contenido con un aspa de cierre tan pequeña que sólo un cirujano lo puede cerrar sin hacer clic y ser redirigido hacia el sitio del anunciante.

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Lo último que se está haciendo son los “sliders”, esos espacios de vídeo que se minimizan y siguen pegados a la derecha de la pantalla cuando hace scroll, muchas veces sin aspa de cierre. Para mí son los pop-ups del vídeo. Evidentemente el porcentaje de visibilidad es alto, porque está siempre visible. Pero son tremendamente intrusivos, y obviamente el vendedor “se olvida” de comunicar al cliente que el player que se queda pegado mide la mitad del original. Y ya me podrán explicar de qué sirve ser visible si el usuario le ha dado pausa al vídeo.

Alguna vez me encontré con uno de esos sliders sin aspa de cierre, sin botón de pausa y sin posibilidad de cortar el sonido. He odiado al anunciante y, sobre todo, al que se lo vendió como “vídeo visible con sonido”.

Para mí es muy simple: la gente te quiere más si no la molestas.

De hecho, según un estudio realizado junto con Millward Brown, la publicidad en video outstream tuvo un mejor desempeño en un 55% de los casos por encima de la media de todos los formatos de vídeo (pre-roll y social feeds) para el reconocimiento sugerida de anuncios, un 44% para la asociación de mensajes y un 84% para el reconocimiento de marca espontánea.

Con un formato de opt-in, no intrusivo como outstream, y que se reproduce en un contexto Premium, el usuario se interesa más por el anuncio, lo que lleva a un mayor impacto en la intención de compra.

Cuando el anuncio se dispara con el sonido activado antes de ser visible, el usuario ya molesto tiene que hacer scroll para encontrar un mini-player que no tenga aspa de cierre, botón de pausa o control de volumen… ¿piensan que quiere a la marca o que esta experiencia es buena para la marca?

No. No lo es. Y la marca acaba de pagar una fortuna para que la odien.

Peor, las marcas están contribuyendo a la adopción de adblockers y el incremento de fraude. Una encuesta realizada por Research Now reveló que en Argentina, un 71% de los encuestados percibe los formatos publicitarios forzados como los más intrusivos y 60% de las personas que tienen adblockers instalados consideró el pre-roll como el más intrusivo. Además, un 84% de las personas reconsideraría la instalación de adblockers si tuviese la opción de hacer ‘skip’ a un anuncio.

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Es simple: las gangas no existen, y los vendedores tienen que decir las cosas como son. Como es muy poco probable que esto ocurra, las agencias de medios tienen que hacer una selección minuciosa de sus proveedores, aunque signifique decir a su cliente que llevan meses o años comprando formatos inútiles o fastidiosos.

Los anunciantes tienen que exigir saber exactamente qué formato compran y que no sea solamente “vídeo visible o con sonido”. Y si esto significa trabajar con dos proveedores en vez de 10, o tener que comprar menos volumen, que así sea.

Mientras los anunciantes sigan presionando a sus centrales por comprar espacios muy baratos, pero exigiendo calidad, habrá fraude. Hasta que los anunciantes empiecen a comparar manzanas con manzanas, habrá fraude. Hasta que todos los vendedores de medios no expliquen a sus clientes que lo que piden no existe, habrá fraude.

Y es una pena, porque lo que los anunciantes quieren existe, pero tienen que pagar lo que vale. Los que lo hacen no se suelen arrepentir porque es más rentable un impacto de calidad que 10 impactos malos, por muy baratos que sean.