Inclusión financiera: Las tarjetas de crédito prepago llegan a Chile

Esta herramienta, que sólo requiere ser recargada y no necesita de una cuenta bancaria que la sustente, se presenta como una de las grandes opciones para avanzar en la inclusión financiera en el país.

Para nadie es un secreto que las tarjetas bancarias han ido sustituyendo año tras año al dinero en efectivo. Tarjetas de débito y cuentas vistas se han convertido en la opción favorita de los chilenos, y más atrás, las de crédito han ido ganando terreno, ya que según cifras de la SBIF un 34% de los adultos maneja una de ellas.

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¿Pero qué pasa con el 66% restante? Para todos aquellos que desean ser parte de este sistema, llegaron a Chile las tarjetas de crédito prepago. Este tipo de plásticos, que ya son una tendencia mundial con un crecimiento del 22% en siete años, no requieren de una cuenta bancaria y sólo deben ser recargadas.

Para Cristián Lecaros, CEO de Inversión Fácil, “este tipo de alternativas te permiten hacer por ejemplo compras internacionales o meterte a algún programa de suscripción, cosa que hoy no puedes hacer con una tarjeta de débito. Está destinada a ese segmento de la población que no tiene tarjeta y también puede ser de gran utilidad para los jóvenes bajo 18 años. Estamos en un momento en que Chile está muy bien preparado para recibir esto como una inclusión financiera para las personas”, explica.

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Tal como comenta el experto, la inclusión financiera es el gran beneficio que traen estas tarjetas que recién están entrando al país, ya que antes la Ley General de Bancos, que se modificó el 2014, impedía su aplicación. “Te da acceso a muchas cosas que hoy en día implican hacer procesos más engorrosos con los bancos. Esto es mucho más rápido y uno puede controlar el límite al ser prepago. Genera que mucha gente que hoy no puede acceder a servicios, como por ejemplo Netflix que es con tarjeta de crédito, pueda hacerlo”, agrega.

Otro de sus beneficios, según el CEO de Inversión Fácil, es su aporte a la educación financiera, ya que “permite que aquellos que son jóvenes, al usar este tipo de tarjetas a corta edad y con un límite, empiecen desde temprano a aprender cómo utilizarlas. Esto mejoraría su tasa de éxito cuando opten por una tarjeta de crédito tradicional, la que podría llevarlos a las deudas si es que no se maneja correctamente”.

Sin embargo, pese a que sus beneficios son mayores, este tipo de tarjetas posee los mismos riesgos que los demás, de los cuales hay que estar precavidos. “Los riesgos siempre son las clonaciones y las claves en las tarjetas. Que me roben con alguna tecnología y pueda perder el dinero que yo aboné”, especifica Cristián.

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Para reducir estos riesgos, Lecaros propone ahondar aún más en la educación. “Lo que echo de menos es una página web donde se permita descargar manuales gratuitos con consejos financieros para ocupar con sabiduría estas tarjetas, ya que, a pesar de que tienen límites, siempre es bueno una ayuda a la hora de tomar decisiones financieras”, agrega.

Estas tarjetas, que esperan sumar US$822.000 millones en transacciones globales durante el 2017, comienzan a expandirse al mercado latinoamericano y pretenden obtener, en tan sólo dos años, entre 250 mil y 300 mil instrumentos en Chile.

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