Deborah Dana: Consejo de administración, un aliado en el negocio y no para defender intereses

Mercados en Latinoamérica
Deborah Dana decidió migrar su experiencia desde el emprendimiento y lanzar Soldiers Field Angels, un fondo de Venture Capital en México.

Soldiers Field Angels es un fondo de Venture Capital mexicano, formado por 25 egresados del Harvard Business School de toda Latinoamérica. Deborah Dana es uno de ellos y nos cuenta su visión y experiencia, no sólo como inversionista sino también como emprendedora.

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Mexicana, egresada de mercadotecnia y con una maestría, sus inicios fueron con Kiwilimón, un emprendimiento lanzado con su socia, Lorenza Ávila, con capital propio en 2009 y que hoy día es la página N° 1 de recetas de cocina en México y Latinoamérica.

El proceso de creación de cualquier empresa parte de la idea, una buena idea y un buen equipo. Luego se pasa a crear algún tipo de prototipo, algo tangible, empezar a probar con gente real el concepto.

Dependiendo del negocio, del producto o servicio que se esté vendiendo, esa etapa es la básica para saber si luego puedes transformarlo en una empresa. A los emprendedores que están empezando les aconseja:

  1. Escoge algo que te apasione. Siempre habrá momentos en los que querrás tirar la toalla, esa pasión te mantendrá funcionando.
  2. Elige el mejor equipo. Es difícil tener socios, pero es esencial. Elige un equipo basado en tus debilidades.
  3. Identifica cuál es tu diferenciador. Qué problema estás solucionando y por qué lo puedes solucionar mejor.

Hace dos años decidió migrar su experiencia desde el emprendimiento y lanzar un fondo de capital privado. Quería compartir con otros emprendedores y tener más contacto, crecer y apoyar a la gente con toda la experiencia que había adquirido en primera persona. El resultado ha sido muy positivo, a estas alturas ya tienen inversiones hechas en seis compañías y están terminando el primer fondo.

Soldiers Field Ventures invierte en semilla o serie A, eso quiere decir que el emprendimiento ya tiene un producto, ventas o usuarios. Cubren casi todas las industrias porque cada socio es experto en distintas áreas. Éstas primeras inversiones oscilaron entre US$50 mil y US$250 mil, abiertos a mayores cantidades en coinversión.

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Según Deborah, el momento de pedir capital, depende de la etapa. La primera etapa siempre son los ahorros propios y los del equipo, para la siguiente etapa (cuando ya existe un concepto o producto) los ángeles, porque hace hace falta la asesoría para crecer y una vez que ya existen algunas ventas, ahí sí ir al Venture Capital.

Destaca la importancia del consejo de administración. No hay que pensarlo como una herramienta para proteger a los accionistas sino en lo que es: una herramienta muy útil para hacer crecer el negocio. Por eso, su recomendación apunta a armar el mejor consejo posible para que sea un aliado en el negocio, no para defender intereses. Un error que se ve mucho en Latinoamérica.

Nos pasó con Kiwilimón. Como era nuestro primer negocio veíamos el consejo como un instrumento para proteger los intereses de las fundadoras una vez que entró el fondo de inversión.

Consejo de administración - Board of directors

Para Deborah no hay duda que los emprendedores en Latinoamérica están creciendo a nivel profesional y haciéndose cada vez más competitivos a nivel global. Por eso es necesario trabajar con aceleradoras y universidades, empujar esas buenas ideas y que se conviertan en negocios.

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Y en ese sentido, México es quizás el país más atractivo de la región a la hora de encontrar capital de riesgo para esos emprendedores cada vez más competitivos. “Al país llega mucha gente de la región, de Argentina, de Colombia, porque saben que hay muchos fondos educados que entienden sus ideas, pero faltan proyectos. México es el país más desarrollado en Venture Capital de la región, a excepción de Brazil. Y eso se ve en la cantidad de proyectos que van allí a buscar dinero”, explica Deborah.

Algo que ayuda a inspirar a los nuevos emprendedores son las historias de éxito. Y cada vez hay más. Lorenza y yo constituimos un ejemplo. Cada vez que hablamos del éxito puntual de Kiwilimón hablamos de mujeres trabajadoras que pudieron lanzar un negocio en Internet, conseguir capital y hacerlo crecer.

Como la historia de Deborah ahora ya hay muchas. Casos muy interesantes y cada vez mejores. México ha hecho un intenso trabajo para que se abran fondos y aceleradoras que impulsen emprendimientos lo que ha resultado en un ecosistema más desarrollado.

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Cuando mi socia y yo empezamos Kiwilimón sólo había dos o tres fondos de capital privado, hoy sólo los fondos que salieron del INADEM (Instituto Nacional del Emprendedor) son 33.

Deborah concluye que ahora falta empujar por el lado de los emprendedores, con educación y apoyos para que no se quede solo en la buena idea y puedan buscar el capital que ya existe en México.

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