Rafael de Haro (VARIV Capital): Una buena idea no basta

La experiencia como emprendedor de Rafael de Haro le dio herramientas para apoyar los proyectos que financia.

El Venture Investor Summit 2016 del Latin America Private Equity and Venture Capital Association (LAVCA), en Nueva York, nos sirvió de marco para el encuentro con Rafael de Haro, managing partner de VARIV Capital. En la charla nos comentó que sus experiencias más interesantes vienen de su vida como emprendedor, más que como fundador y gerente de fondos de capital de riesgo.

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Cuando empezó a trabajar por allá en 2010 en la primera versión de Lifedots, una empresa de software para administrar contenidos en las redes, las cosas no salieron como lo tenía planificado. Luego de trabajar dos años y gastar más de la mitad del capital levantado, terminaron con un producto que el público no entendía y no sabía cómo usar. Con un equipo de primera línea, dedicado con devoción al desarrollo, pero que no abandonó la oficina en los primeros seis meses, nunca creó un MVP y jamás validó la idea con las personas que realmente iban a usarlo y, en última instancia, pagar por él.

Es un error que se cometía con frecuencia en aquel entonces: se levantaba capital con apenas un plan de negocios y se arrancaba el desarrollo. En la actualidad ya hemos aprendido que es indispensable sacar un prototipo con un costo mínimo, para de allí, partir las iteraciones. Hoy en día hay versiones digitales para probar casi cualquier cosa, por lo que no hay razones para no hacerlo.

De una idea muy sencilla, a medida que vas construyendo, es muy fácil ir agregándole complejidad con características útiles, pero que terminan siendo muy complejas para el usuario.

En 2011 se hizo el primer lanzamiento, con un muy buen trabajo de marketing y branding, pero el producto no funcionó. Y es que, aunque se habían hecho estudios de mercado, ése es un método inadecuado para una startup y cualquier idea medianamente interesante tendrá buena acogida. Sobre todo en el medio de las innovaciones, donde priva la novedad pero no se sabe si será una mejora específica sobre un producto.

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Ésos son los dos aprendizajes tomados de la experiencia:

1. Hay que salir con un concepto al mercado, y una vez que tenga una mínima validación construir un MVP, un prototipo, una página muy sencilla y recién después pasar a la siguiente etapa.

2. No se puede encerrar el producto en el laboratorio, ni siquiera en la etapa de desarrollo. Es muy fácil perder el rumbo y terminar con algo que nadie sabe cómo usar. Es indispensable probar cada nueva iteración.

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Al finalizar esta experiencia terminaron con una crisis mayor y pensaron en la posibilidad de abandonarlo todo, devolver el dinero. En cambio decidieron ir a los inversionistas y decirles que harían una nueva versión del producto y que ésta no sería muy difícil de vender.

Volvimos con los inversionistas para decirles que ya no teníamos dinero, pero que habíamos aprendido mucho y queríamos pedirles aún más para poder seguir. Contra todo pronóstico, nos apoyaron.

Con el tiempo, ésta experiencia les permitió advertir a los emprendedores que tienden a encerrarse en sus cuarteles y esperan a tener un producto ya desarrollado antes de ponerlo en las manos de su mercado potencial. Un error que suele salir caro en tiempo, dinero y energías.

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