18 lecciones aprendidas luego de nueve meses como nómada digital

Tras cinco años en Berlín decidí dejar mi trabajo para ir a América Latina. Mi jefe rechazó mi renuncia y me ofreció trabajar a distancia. Así comenzó mi experiencia como nómada digital.

Mi nombre es Joaquín Suárez, soy miembro de LaComuna, un colectivo de hippies digitales. A principios del 2015 tuve la suerte de empezar mi aventura como nómada digital. Mi trabajo consiste en promocionar y gestionar páginas web, gracias a esto la única herramienta que necesito es una computadora con conexión a Internet.

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Actualmente estoy de vuelta en mi casa de Berlín. Desde la calidez del hogar he decidido compartir mis vivencias por si alguno de ustedes decide pasarse al nomadismo digital.

Mi situación inicial como nómada digital

Empiezo destacando que yo tuve una suerte fuera de lo normal. Porque yo tenía un único cliente para el que tenía que trabajar 12 horas a la semana. El resto del tiempo lo tenía libre para trabajar en proyectos propios y viajar. Además, mi objetivo personal y prioritario para esta experiencia de nueve meses era primero viajar y conocer América Latina. Trabajar como nómada digital fue más bien el medio para hacer el viaje posible.

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Una vez aclarado el contexto de mis experiencias, no pierdo ni un segundo más de tu tiempo y empezamos:

1. Tienes que tener muy claro desde el principio tus objetivos y tus responsabilidades. La clave para no perderse en la organización y no desesperarse con los horarios y días de trabajo es saber lo que debes y quieres hacer. En mi caso yo tenía que trabajar sí o sí 12 horas a la semana para mi principal cliente. El resto de proyectos eran personales por lo que con ellos podía ser más flexible. El viaje a en mi caso era una parte importante de la experiencia por eso me propuse trabajar en mis proyectos solamente cuando estuviese más de tres días en un lugar. Esto lo hice porque sabía que no iba a estar de nómada durante más que unos meses. En caso de plantearme estar indefinidamente el plan debería tener en cuenta semanas de trabajo y semanas de viaje, como si fuesen vacaciones.

2. Prepárate para improvisar y mantén un margen de maniobra. Porque cuando viajas todo puede pasar. Sobre todo si te gusta la aventura y evitas las grandes ciudades donde tienes más servicios. En los pueblos, parques naturales, la playa, la selva y la montaña puede que no tengas Internet, puede que tengas que esperar un día para continuar el viaje, puede que llegues tarde y emplees tu tiempo en encontrar un sitio donde dormir. Situaciones de este tipo suceden todo el tiempo. Yo por ejemplo pasé cinco días en un barco en el Amazonas, donde irónicamente tuve mucho tiempo libre pero no tenía Internet. Así que disfruté de la lectura como nunca.

3. La estructura de la semana es relativa. En mi caso yo no tenía que estar en contacto constante con el equipo en Berlín. Simplemente tenía que estar disponible, pero eso significaba que debía consultar mis e-mails regularmente. Esto facilitaba que yo me organizarse a mi ritmo los días de la semana que tenía libres y cuáles no. Esto supuso una gran ventaja a la hora de pillar vuelos y autobuses no sólo más baratos (por viajar entre semana) sino que hubiese billetes en general. Claro que esto tiene dos caras. Como no cumplas el primer punto de esta lista el no diferenciar el lunes del domingo puede meterte en una espiral de trabajar sin parar o al contrario de viajar sin parar y no trabajar.

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4. Necesitas audífonos. No sabes si tendrás una oficina o estarás trabajando en la esquina del loby de un hostal. Y de todos modos necesitas concentrarte y trabajar. Tus “oficinas” van a ser de todos los colores y muchas veces vas a tener distracciones de todo tipo alrededor. Por lo que unos cascos de música y una buena dosis de capacidad de concentración son básicos.

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5. Aprovecha los momentos en los que todo funciona. Si tienes un trabajo que te permita adelantar tareas aprovecha esos momentos. Nunca sabes cuándo vas a pasar seis días en el desierto o en las montañas o se va a ir la luz porque hay reparaciones de la línea. Yo no podía hacer esto porque al menos tenía que mandar un reporte una vez a la semana y hacer unos cambios al día siguiente. Así que sabía que mi máximo de días sin conectar eran cinco. Esto me permitió visitar el Salar de Uyuni en un tour de cuatro días o el viaje en barco en el Amazonas de cinco días.

6. Necesitas un portátil que aguante los golpes. Nada de comprarse la máxima maravilla. Yo invertí en tiempo de batería y en tamaño/peso. Encontré una combinación de dichos elementos y a muy buen precio en un HP touch. La verdad es que lo de que se transforme en tableta no vale para nada y los altavoces beats pues mira para el que los quiera, pero encajaba con mis necesidades.

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7. Te das cuenta de lo afortunado que eres. Llegar a un sitio y saber que ya tienes un trabajo y ya saber lo que tienes que hacer. La de veces que me encontré con gente por el camino que van improvisando día a día. Desde los argentinos que iban pintando hostales hasta el aprendiz de chamán. Yo solamente necesitaba una esquina con conexión a Internet y ya estaba listo.

8. Una cosa que yo no hice y de la que me arrepiento es interactuar más con la comunidad local. Me refiero a los que también trabajan en digital, los coworking spaces y los eventos tecnológicos locales. Confieso que ahí estuve poco atento y a pesar de estar en varias ciudades donde la comunidad de marketing online es muy amplia y con multitud de actividades no supe aprovecharlo.

9. Tienes que ser muy expresivo y preferiblemente amistoso en todos tus canales de comunicación. La gente con la que trabajé durante los nueve meses de viaje era en gran parte desconocida para mí. Nunca les había visto en persona y ellos a mi tampoco. Por lo que la única vía que tenían para hacerse una idea de cómo sería yo fueron los emails y Skype. Esto me hizo pensar que debía ser especialmente cuidadoso con la manera de escribir. Si cometía errores o decía cosas a destiempo como bromas o comentarios jocosos que no encajaran con la persona, podrían ser vistos muy mal y no podrían ser solventados con una conversación o broma en “real life”. Últimamente he mejorado mucho en esto con Slack, que hace que todas las conversaciones sean amables.

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10. Mantén tus archivos en la nube. Yo uso una cuenta de Gmail para cada cliente y guardo todo en Google Drive. Esto lo hacía ya antes de esta en ruta pero como nómada esta costumbre cobra importancia. Así estás preparado para posibles robos o discos duros defectuosos, etc.

11. Vas a echar de menos tu casa y tus amigos. Porque al trabajar con el ordenador estás a un clic de comprobar su Facebook, Twitter, Instagram, etc. Y ver lo que están haciendo a posiblemente muchos kilómetros de ti. Esta sensación la tenía yo de vez en cuando. Es muy normal, cuando se está mucho tiempo de viaje se echan de menos las rutinas y o se confunde la falta de seguridad sobre de lo que vas a hacer mañana con la tranquilidad de la rutina. Nuestro cuerpo se esfuerza ante la indecisión y la expectativa y se tranquiliza frente al plan y la organización: saber lo que va a pasar.

12. No te muevas todo el tiempo. Estar como nómada digital no significa estar todo el tiempo on the road. Puedes quedarte temporadas largas de mes o varios meses en un mismo lugar. En mi caso lo hice un par de veces a la escala de mi viaje. Es decir en un viaje de nueve meses, quedarse dos o tres semanas en un mismo lugar es una estancia larga. Yo lo hice en la isla de Itaparica, Brasil, Santiago de Chile y Playa del Carmen en México.

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13. Decide si quieres ir sola/o o en compañía. Yo hice las dos cosas. La primera parte de mi viaje fui solo. Esto me sirvió para poder organizarme los días de trabajo y viaje más fácil y para conocer gente más fácilmente. Pasados tres meses vino mi novia. Se unió al viaje en Bogotá y a partir de ahí viajamos juntos. De cara al viaje esto fue genial pero la organización para trabajar fue algo más complicada porque ella no trabajaba. Aún así al final siempre funcionaba. Siendo flexible todo se puede.

14. En América Latina aún no está muy extendido. A lo largo de mi viaje creo que estuve solamente con otros cuatro o cinco nómadas digitales, y tres de ellos son mis socios en LaComuna, que ya conocía.

15. Lo mejor de ser un nómada digital es la libertad de poder elegir dónde y cuándo ir a cualquier sitio. Además no necesitas gastarte todos los ahorros en volar directo porque si hay una cosa que tienes es tiempo. La gestión de tu propio tiempo unida a la falta de ataduras a una oficina o casa es la clave.

16. Cuando es un día de trabajo es de trabajo. Yo esto es algo que intenté aplicar todos los días que trabajaba, pero no siempre lo conseguía. Sobre todo cuando se trataba de proyectos propios. Como no tenía la presión de un contrato, a veces dejaba escapar algo de responsabilidad por el desagüe y me iba a dar una vuelta por la ciudad que estuviese a tomar algo. Es sano, pero irresponsable. Así que de tener este estilo de vida a largo plazo es algo que debería mejorar.

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17. Escucha los problemas e historias de todo el que te cruzas. Cuando viajas por lugares en los que nunca antes has estado es muy habitual ver y experimentar cosas nuevas. Aprendes un montón solamente viendo y escuchando a la gente del lugar. Sus historias son una fuente inagotable de ideas para posibles proyectos. Yo mismo volví con un saco lleno de ideas para aplicaciones y páginas web. Desde las más obvias como servicios que conocía que existen en Berlín, pero todavía no son conocidas en otros lugares, como soluciones más originales.

18. Sal del ordenador. Yo soy muy amigo de pensar caminando, escribir en papel y escuchar el silencio. Esto es algo que cuando estaba en la oficina no siempre podía hacer bien o totalmente a gusto. Una cosa que disfruté mucho fue poder salir del puesto de trabajo aunque estuviese trabajando. Cada uno tiene que saber qué le gusta más o qué le ayuda más. Para mí lo principal es dejar de mirar para el ordenador durante un tiempo y salir de esa zona de confort entre la pantalla y yo.

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