Es el momento de decir adiós a Silicon Valley

frog-farewell-travel-luggage
Por lo general, a Silicon Valley no le importa América Latina y, a América Latina, por lo general, no debería de importarle Silicon Valley.

Se ha puesto de moda entre los políticos y académicos de América Latina el tratar de inspirar a emprendedores e inversores de la región con imágenes de la creación de un “Chilecon Valley” en Santiago, un “Palermo Valley” en Buenos Aires, o un “Silicon Beach” en Rio de Janeiro. Pese las buenas intenciones detrás de ello, América Latina y su “TecnoLatino” pueden encontrar mejores usos para sus esfuerzos y su tiempo que tratar de replicar un Silicon Valley.

Esta persistente necesidad de imitar y compararse con Silicon Valley no hace sino distraer de la tremenda oportunidad que existe en la región a día de hoy.  

No ha pasado tanto tiempo desde que los fondos VC de Silicon Valley comenzaron a prestarle atención a compañías de América Latina. Primero fue Brasil, que en aquel entonces gozaba de un entorno económico favorable, y poco después llegaron las primeras inversiones en compañías principalmente de Argentina, México, Chile y Colombia.

(Lee: Silicon Valley, sí, pero no para novatos)

En paralelo, los gobiernos de América Latina empezaron a ser conscientes de la popularidad (y en muchos casos bajo presupuesto) que supone la promoción de la innovación y el crecimiento tecnológico en sus respectivos territorios. Rápidamente comenzaron a surgir numerosas iniciativas que contaban con apoyo gubernamental y que tomaron la forma de aceleradoras, programas de apoyo al emprendimiento y espacios de trabajo compartidos, entre otros. A Start-Up Chile, programa pionero en la región que cuenta con el apoyo de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), le siguieron un sinnúmero de iniciativas similares tales como Startup Perú (estructurado por el Ministerio de Producción del gobierno peruano), IDEA Network Ecuador, el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) en México o Tech Sampa, por ejemplo, que cuenta con apoyo financiero del ayuntamiento de São Paulo en Brasil.

aceleradora_startups-e1427320002577

El elemento común de estas iniciativas, sin embargo, es que todas ellas se han inspirado en el modelo de aceleración de Silicon Valley, modelo que mide el éxito no por la cantidad de empleos creados o ingresos generados, sino por la cantidad de fondos obtenidos de los inversionistas. En todos estos modelos lo que se premia es la posible “disrupción” de una idea y no la sostenibilidad del modelo de negocio.  

El reciente informe publicado por LAVCA (Asociación de Capital Riesgo de América Latina) en el que se analizan las tendencias en el ámbito VC en la región durante los últimos cinco años ofrece numerosos datos que no vienen sino a confirmar lo que todos aquellos que participamos activamente en el ecosistema ya sabíamos: Por lo general, a Silicon Valley no le importa América Latina y, a América Latina, por lo general, no debería de importarle Silicon Valley.

La amplia mayoría de las rondas de financiación que han ocurrido en la región en los últimos años siguen teniendo un componente fundamentalmente regional. Fondos como Kaszek Ventures, Redpoint Ventures, Monashees, Bozano Investimentos, NXTP Labs, Nazca Ventures (ahora Mountain Partners), Latin Idea Ventures o Alta Ventures siguen estando entre los más activos de la región y el número de inversiones por parte de fondos americanos sigue siendo extremamente limitado (con la excepción de Tiger Global y otros pocos).

(Lee: Evolución y panorama de las aceleradoras en América Latina)

Por lo tanto, tenemos que hacernos las siguientes preguntas obvias (y también bastante incomodas): ¿Por qué este empeño de América Latina en parecerse a un ecosistema cuya realidad poco tiene que ver con la suya?, ¿Por qué esta insistencia en buscarle soluciones a los problemas del pueblo norte- americano antes de solucionar los problemas que afectan a gran parte de la población en la región?

(Lee: El Silicon Valley mexicano emerge con sangre joven en la cuna del mariachi)

Parece que hemos olvidado que, a día de hoy, América Latina ya cuenta con más usuarios de Internet que Estados Unidos (aproximadamente 340 millones de usuarios contra 270 millones) y las proyecciones apuntan a que, dentro los próximos cinco años, el número de personas con acceso a Internet debería de incrementarse exponencialmente (pasando a unos 450 millones de usuarios en América Latina contra 290 millones en Estados Unidos).

A modo de ejemplo, con solo la mitad de la población con acceso a Internet, América Latina representa ya el 20% de la base de usuarios de Facebook y el 38% de la de WhatsApp.

m-commerce-in-latin-america

Por lo tanto, ahora sí, y de una vez por todas, es momento de dejar atrás a Silicon Valley y ese aparente deseo de tratar de ser colonizado por Silicon Valley. Podemos inspirarnos en Silicon Valley, qué duda cabe, pero entendiendo que nuestro norte debería de ser crear un ecosistema de innovación donde el foco sea crear compañías sostenibles y que resuelvan los problemas de nuestros pueblos, en lugar de crear compañías que no ganarán dinero nunca y que tratan de sobrevivir con la esperanza de que, algún día, un fondo VC de la costa oeste de los Estados Unidos llegara con un cheque para fondearlas y, ya de paso, trasladar al equipo directivo a California.  

Si bien por distintos factores (que, por cierto, tomaron décadas en dar sus frutos) Silicon Valley es actualmente la meca de la innovación en el mundo, la región no se caracteriza precisamente por su diversidad, su capacidad de actuar ante la adversidad y desde luego, tampoco por sus niveles de igualdad (los informes demuestran que las mujeres solo representan el 11% de los puestos ejecutivos y confirman que los hombres ganan un 73% más con los mismos títulos educativos y profesionales).   

(Lee: Solo existirá un Silicon Valley)

América Latina, por su parte, tiene toda una serie de fortalezas que son absolutamente únicas y que no pueden encontrarse en ninguna otra región. No nos referimos únicamente a las potencialidades que se desprenden de la riqueza que significa la diversidad étnica y cultural de la región, sino también de la fortaleza que supone abrirse camino en un entorno económico y político adverso. El emprendedor de América Latina no se asusta ni desiste ante los problemas, busca formas creativas de avanzar y crecer. El emprendedor de América Latina está acostumbrado a no tener todas las herramientas a su alcance y a que su entorno no sea un mundo de oportunidades. Sin embargo, y en eso hay que reconocerlo Silicon Valley ha hecho un excelente trabajo, los gobiernos y líderes empresariales de América Latina si deberían de estar buscando formas de crear ese “mundo de oportunidades” que sirva de recompensa al esfuerzo y el trabajo bien hecho.

En Silicon Valley, los referentes son las grandes compañías. Sin embargo, la revolución tecnológica no está ocurriendo ni beneficia únicamente a las grandes empresas. Por cada Apple o Facebook existen decenas de miles de compañías de pequeño y mediano tamaño (Pymes) que luchan cada día por competir con las grandes corporaciones y en las que la tecnología marca una gran diferencia.

Startup México

La clase política de América Latina, los líderes de nuestra sociedad en los distintos campos y cada uno de nosotros, debemos de poner de nuestra parte para ayudar a las miles de Pymes que forman la mayor parte del tejido empresarial de la región a progresar y convertirse en compañías sostenibles, capaces de crear empleos de calidad. Son precisamente estas Pymes las que pueden tener un impacto real en la sociedad, las que tienen la agilidad, el conocimiento y la capacidad para verdaderamente llevar el avance tecnológico a cada rincón de la región.

(Lee: Por qué Silicon Valley no es nuestra respuesta (y sí lo es Bollywood))

En resumen, la revolución tecnológica en América Latina no debería de medirse por el número de “unicornios” que surgen de la región, ni por el número de compañías que han logrado recaudar cientos de millones de dólares de inversores institucionales. Así es como mide su éxito Silicon Valley y les deseamos todo el éxito del mundo. En América Latina, son necesarios valores y objetivos diferentes a los de Silicon Valley. Mi propuesta es que la medida del éxito del ecosistema tecnológico de América Latina sea el incremento en el número de empleos de calidad, la capacidad de ofrecer salarios competitivos, de crear incentivos para atraer y retener talento y, por supuesto, de crear soluciones a los problemas que afectan a millones de personas en América Latina.

Juan Pablo Cappello es un inversionista en más de 30 compañías de tecnología, cofundador de www.idea.me, www.thelabmiami.com y www.moblabs.comentre otras, y asesora a emprendedores de la región desde www.private-advising.com.  Su colega Sofia Yague le colaboro en la redacción de este artículo.

Acerca del autor

Juan Pablo Cappello

Columnista invitado. Cofundador del estudio jurídico Private Advising Group. Inversionista en más de 20 empresas. Elegido como “Top 50 Entrepreneur” por la revista Business Leader. Twitter @CappelloJP

  • Pablo Albarracín Bermúdez

    Notable lo que dices Juan Pablo. Ojalá más actores del ‘ecosistema’ pensaran y actuaran como indicas. Debe llegar el momento de pescar el mapa y darlo vuelta…con nuestras propias manos. Saludos!

  • Muchas gracias por este artículo. Por los retos particulares a los que como emprendedores hacemos frente, en América Latina necesitamos negocios rentables y sostenibles, no solamente “creativos” o “disruptivos” pues no contamos con un ecosistema emprendedor y condiciones que ayuden a los emprendedores a hacerle frente a las pérdidas de un negocio fallido. Y una de nuestras más grandes necesidades es dotar a emprendedores de conocimientos y experiencias que les sirvan para desarrollar su emprendimiento -más si son tecnológicos- internacionalmente, capaces de competir en un mercado global y no solo local.

  • Isaac Villanueva

    Me gusta el artículo y tengo la esperanza que algún día Latam pueda ser un referente. Lamentablemente, en la actualidad, la cantidad de usuarios de internet en Latam, no refleja la calidad de estos y para un emprendimiento tecnológico eso es fatal, por otra parte los fondos de capital apuestan a futuro por eso es que valoran la proyección porque se supone que es un comodity crear puestos de trabajo y mejorar la economía de los lugares donde se desarrollan. No pretendo ser defensor de Silicon Valley pero estos son negocios y dejando de lado las fronteras los emprendimientos deben estar donde está el dinero y donde se le permita tener una proyección a escala global pues eso permitirá su desarrollo, crecimiento y sostenibilidad. Echemos un ojo a la realidad de las startups en Latam y como sufren para tener usuarios y clientes, salvo poquísimas excepciones la realidad es esa.

  • Volkan Rivera

    Su artículo es un compendio de políticas que hemos repetido en el tiempo y siempre han terminado mal. Muy mal.

    Siempre hemos pedido a los estados que apoyen a las empresas y empresarios locales, con resultados de terror. Por ejemplo países como Brasil se quedaron atras muchos años porque el estado decidió “reservar” el mercado informático a sus empresas nacionales (durante los ochenta), que no hacían más que copiar productos hechos en USA, para venderlos localmente a más precio y de peor calidad.

    En los setenta se intentó aplicar la famosa receta de sustitución de importaciones, protegiendo una industria nacional, que no competía ni en precio, ni en calidad con productos del extranjero. Porque la política suponía que con el tiempo esas empresa se volvería fuertes y podrían exportar. Con lo cuál el futuro sería mucho mejor. Lo cierto es que esos empresarios sólo aprovecharon para hacer plata fácil depredando a los pobres consumidores nacionales y la mayoría si es que no la totalidad terminaron quebrando.

    Por si eso fuera poco, nuestro sistema educativo, en todos sus niveles es malo (los resultados de las pruebas PISA son de espanto). No producimos los suficientes buenos profesionales que necesitamos y los pocos buenos que se producen terminan emigrando porque los salarios de la región son muy malos, además de que la calidad de vida es bajísima. La delincuencia es alta, los servicios de salud son de baja calidad, los medios de transporte malos, la infraestructura es limitada (por ejemplo nuestro internet en promedio es lento).

    Una de las razones por la cuales no podemos competir en igualdad de condiciones además de la falta de suficiente material humano, es la falta de capital. La casi totalidad de países de la región sufren un problema de la falta de capital. Por eso todas nuestras empresas son un monumento al “ingenio”, porque no contamos con el suficiente capital para poder ponerlas a competir en igualdad de condiciones. Lo malo de nuestro “ingenio” es que consiste en recortar gastos justamente alli dónde deberíamos estar invirtiendo: capital humano e infraestructura.

    Además pensar que nuestros emprendedores son mejores porque deben sobrevivir a un medio empresarial hostil, es como creer que un no contactado en las junglas amazónicas es mejor que alguien que vive en las ciudades, ya que puede conseguir su alimento con sus propias manos y no depende más que de él para su superviviencia. Es un argumento por decir lo menos falaz. Nuestros “emprendedores”, son en su mayoría desempleados o subempleados (nuestras economías no pueden ofrecerles un trabajo) y se ven obligados a “emprender”, porque no tienen otra alternativa.

    Lamento ser tan negativo en mi comentario, pero es que leer su artículo me hizo recordar todos esos discursos que escuché cuándo era niño.

  • Andres Alejandro Paredes Galve

    Por fin alguien lo dice y es escuchado!!!!!
    Le invito un café en nuestro Laboratorio!!!!

    Gracias!!!

  • Yo creo que no debemos de perder de vista Sillicon Valley en ningun momento, son un referente en como ser globales y lo serán por siempre, en lugar de ignorarlos deberiamos de aprender y mprender sobre lo bien que han logrado las cosas, humildemente reconocerlo y utilizar todo ese ejemplo como plataforma….. no terminemos como Samuel Pierport Langley con frustración y envidia ante el inegable exito de los hermanos Wilbur y Orvill Wrigth !!!