El desafío del emprendimiento femenino en América Latina

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Si pensamos en las mujeres emprendedoras de la región, podemos imaginar, por varias razones, que el panorama dentro de diez años será mucho más alentador que el actual.

Las mujeres emprendedoras tienen un gran potencial, aman sus proyectos y por eso generan un retorno de la inversión en muchos casos mayor que el de los emprendedores. Pero aún enfrentan en América Latina una serie de barreras económicas y sobre todo culturales que frenan su crecimiento. ¿Cuales son las claves para transformar este escenario?

Por Susana García-Robles*

Si pensamos en las mujeres emprendedoras de la región, podemos imaginar, por varias razones, que el panorama dentro de diez años será mucho más alentador que el actual.

Hay muchas historias de éxito que nos permiten imaginar a futuro un ecosistema más equitativo. Algunos casos son la colombiana Gigliola Aycardi y su compañía BodyTech, que de Colombia se expandió a Perú y Chile y hoy cuenta con 130 clubes en los tres países donde opera; o Leila Velez, que desde una favela de Río de Janeiro creó Beleza Natural, hoy con 3,000 empleados y 100,000 clientes.

Además, actualmente vemos una mayor proporción de mujeres estudiando carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—. Al mismo tiempo, la mujer empieza a entender que en muchos casos el combinar trabajo y familia no es imposible, aunque tampoco haya que convertirse en una mítica super-mujer, sino que muchas veces se necesita priorizar décadas para dedicar a la familia y a la carrera.

Gracias a esto, hoy diferentes programas de apoyo tienen a las emprendedoras como protagonistas, entre ellos  ‘Mas Emprendedoras’ en Uruguay,  la S Factory, un programa de pre-aceleración para mujeres en Chile pero abierto a otras nacionalidades, Red Emprendia del banco Santander y su próximo programa BoosterWE, o nuestra plataforma WeXchange para conectar emprendedoras con mentores e inversores, por mencionar algunos ejemplos.

(Lea: Susana García-Robles del FOMIN: “Las emprendedoras de alto impacto son factor de crecimiento para la región”)

Pero para que este nuevo escenario se haga real, y los casos de éxito dejen de ser historias excepcionales, aún quedan por derribar muchas barreras, la mayoría culturales. Una de las razones para superarlas es que la incorporación de las mujeres al universo de los negocios no sólo las beneficia a ellas, sino a todos.

¿Por qué apoyar a las mujeres emprendedoras?

De acuerdo con estudios del Banco Mundial, la productividad en América Latina y el Caribe podría aumentar un 25% si se impulsara la capacidad emprendedora de las mujeres.

Ellas representan más del 40% de la población económicamente activa en la región, pero su aporte como emprendedoras se reduce al 15%.

Por otra parte, el afamado inversor ángel Kevin O’Leary, que se hizo conocido en Estados Unidos por aparecer en el programa Shark Tank, ha compartido en una entrevista que 55% de las 20 compañías en su portafolio de inversiones tienen mujeres CEOs, y afirma que son las mujeres los que le han dado retornos más altos y salidas más rápidas. Una variedad de estudios que confirman la experiencia de O’Leary. Por ejemplo, el reporte de septiembre del 2014 de Credit Suisse afirma que las compañías con más de una mujer  en sus directorios han superado a aquellas sin mujeres en el directorio. Por su parte, el reporte de Deloitte “The Gender Dividend” explica que las empresas dirigidas por mujeres están mejor administradas y son más exitosas.

La situación actual del emprendimiento femenino en América Latina

A pesar de las evidencias, en varios países en América Latina las mujeres que buscan comenzar su propia empresa deben ante todo superar obstáculos culturales muy arraigados, como el estigma de que el rol de la mujer se encuentra exclusivamente en la casa y el prejuicio de que las mujeres no pueden negociar o jugar duro.

A muchas mujeres les faltan fuentes alternativas de financiación más allá de su grupo inmediato de familia y amigos, ya que los bancos de la región financian menos de un 20% de sus necesidades de negocio. La ironía de la situación es el hecho de que las mujeres tienen más probabilidad de fundar empresas por las que sienten pasión, y los negocios que surgen de una real pasión tienen más probabilidades de crecer y tener éxito. Pero, paradójicamente, enfrentan los mayores desafíos a la hora de obtener capital semilla.

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En otros países de la región, estos prejuicios se han ido superando, pero aún las emprendedoras pueden encontrarse con que el ambiente de negocios no está preparado para aceptar su manera negocios. En general, las mujeres tendemos a ser más “relacionales” y los hombres más “transaccionales”. Esta diferencia, si no es bien entendida, puede dar a entender que las mujeres no sabemos negociar. Además, la mayoría de los inversores son hombres y se identifican mejor cuando escuchan un pitch de un emprendedor.

Esta situación de desventaja no atañe solamente America Latina y el Caribe. En el mundo en general, sólo el 14% de las empresas pertenecientes al Fortune 500 cuentan con mujeres en puestos ejecutivos, y un 25% no tiene presencia femenina en los altos mandos.

Las claves para la transformación del escenario

Después de ver cual es el panorama, queda pensar en cómo modificarlo. Por una parte, los gobiernos, las empresas y las universidades latinoamericanas tienen pendiente generar políticas que brinden apoyo a las mujeres para derribar las barreras culturales que les impiden llegar al mercado laboral en las mismas condiciones que los hombres. Esto incluye políticas de apoyo a la familia, como el paternity y maternity leave; horarios flexibles de trabajo y trabajo desde la casa, y salarios equitativos en igualdad de condiciones para la mujer y el hombre, que impulsarían un clima de negocios más propenso para la entrada de la mujer en el mundo empresarial.

Como parte del cambio, los gobiernos y fundaciones del sector privado podrían dar becas para que las mujeres estudien en el exterior, mejoren su inglés –aun el idioma de negocios— o puedan ser aceleradas en programas de pre-incubación, como ya ocurre con SFactory en Chile. Los subsidios podrían permitir que las madres también pudieran emprender, o se podrían apoyar y crear aceleradoras donde se incluyan guarderías infantiles para que las mujeres puedan recibir la aceleración pero estar también cerca de sus hijos.

Desde el BID y particularmente el FOMIN, creemos que también podemos hacer nuestro aporte tanto al emprendimiento femenino. Por eso, estamos llevando a cabo una serie de iniciativas, como WeXchange, una plataforma que conecta a emprendedoras de alto crecimiento de América Latina y el Caribe, mentores e inversores. Esta plataforma cuenta con un foro anual que desarrollamos desde 2013 y que reúne a mujeres emprendedoras de la región para que intercambien experiencias y puedan desarrollar en conjunto su potencial para los negocios. Este año WeXchange tendrá lugar el 19 y 20 de noviembre y el lema será “sin miedo a soñar, sin miedo a fallar”, porque nos interesa recuperar la idea de algunas culturas de que de todos los proyectos se aprende, y no sólo de los que terminan bien.

Estas son algunas ideas que podrían impulsar el cambio, pero sería imposible hacerlas funcionar sin un factor clave: el compromiso de todos por tomar conciencia de la necesidad de una cultura más equitativa e igualitaria, en la que tanto mujeres como hombres puedan estar en igualdad de condiciones para emprender proyectos. Sólo de esa manera se podrá aprovechar plenamente el potencial de la región, y que todos contribuyan con su crecimiento.

*Oficial Principal de Inversiones a cargo del grupo de Financiamiento en Etapas Tempranas del FOMIN (Early Stage Equity Group, MIF). Desde 1999, Susana ha creado y dirigido las inversiones de capital emprendedor del FOMIN en América Latina y el Caribe, así como la estrategia de innovación y emprendimiento. Síguela en Twitter @RoblesSusanaroLinkedIn

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