Antes de emprender debes enfrentarte a tu peor enemigo

Emprendedores-Miedos
¿Estamos preparados para conseguir nuestros sueños sin interferir negativamente en ellos inconscientemente?

Santiago no era un tipo normal. No le gustaba estudiar, tener un trabajo fijo ni se desvivía pensando demasiado en su futuro. Cuando el sol despuntaba en el horizonte conseguía conciliar el sueño y poco antes del atardecer se despertaba sobresaltado una y otra vez.

Con una sensación de cansancio eterno Santiago pasaba sus días pululando por la ciudad y charlando con aquellos amigos que aún le quedaban. Su novia, comentan por ahí, lo habría dejado un año y medio atrás. Pero eso a Santiago tampoco le importaba. Él ya no creía en el amor, no creía en la realización personal, ni en su talento y extrema inteligencia. No creía en nada en realidad.

Pero lo más curioso para quienes observaban cómo trascurrían sus días era el hecho, que lejos de incomodarle, afectarle o angustiarle su estado de incertidumbre y apatía, Santiago parecía estar cómodo en él. Se regodeaba en sus desgracias, puteaba, maldecía a la suerte, a sus padres, al gobierno o al sistema pero jamás intentó cambiar.

Un día nadie más lo vio. Algunos poetas y literatos dijeron que, como lo mejor y también lo peor de la vida, simplemente se desvaneció ante la mirada despistada de los demás. Otros más amigos de los rumores ajenos cuentan que cada tanto lo ven borracho por las calles sin rumbo fijo. La policía lo dio por muerto a sus familiares que lloraron su ausencia anticipada.

La verdad, nadie la sabe, excepto Santiago. Pero lo cierto es que aun pudiendo ser y hacer todo lo que se propusiera, él simplemente eligió sufrir hasta desaparecer, literal o metafóricamente, pero desaparecer al fin.

En muchas oportunidades se habla del éxito, el liderazgo, las convicciones y la independencia como rasgos fundamentales a la hora de abordar un proyecto de negocio o crecer profesionalmente en una empresa.

Conceptos y frases tan abstractos e intangibles como “Claves para triunfar en tu emprendimiento”, “Ideas para ser exitosos”, “Cómo piensan las personas innovadoras”, “Herramientas para ser un buen líder” y millones de etcéteras más son buscados a diario por los aspirantes a emprendedores en libros temáticos, conferencias de profesionales ya consagrados o en revistas especializadas como la nuestra. Y por supuesto que el aporte de cada autor es muy valioso y redituable, pero quizás es inconcluso si antes no nos detenemos a pensar en una pregunta más arcaica y ancestral:

¿Estamos preparados para conseguir nuestros sueños sin interferir negativamente en ellos inconscientemente?

El autoboicot, la autodestrucción, las profecías autocumplidas o la exigencia extrema son manifestaciones algunas veces conscientes y otras no tanto, de que una persona se encuentra incapacitada emocionalmente para concretar sus ideales, ya sea en el plano laboral como en la vida.

Esta incapacidad no proviene de la falta de conocimiento, aptitud o recursos económicos si no que emerge de lo profundo de la psiquis con creencias arraigadas en la infancia del tipo: no merezco, no puedo, no sirvo, no soy el mejor, no tengo suerte, no es lo mío, mejor no intento.

Muchas teorías psicoanalíticas sostienen que la ausencia afectiva, la desatención o sobreprotección en los primeros años de vida de la persona conforman un mapa de creencias nocivas interconectadas entre sí que puestas en funcionamiento en la vida adulta desencadenan personalidades saboteadoras.

Freud llama a esta forma de pulsión que anula el placer y vigoriza el sufrimiento como masoquismo emocional.

  • Aferrarse al dolor
  • Enamorarse de la piedra en la mitad del camino
  • Paralizarse por miedo al cambio o a tomar nuevos rumbos
  • La ansiedad
  • La falsa autoestima
  • La victimización
  • La culpa

Estos son los patrones de conductas más comunes entre quienes son proclives a la autodestrucción.

Cabe destacar que muchos de estos aspectos operan de manera inconsciente, y tal como Santiago, la persona no encuentra una respuesta racional a su aparente mala fortuna o fracasos sucesivos. Aún siendo brillantes, creativos, inteligentes o talentosos simplemente los resultados son siempre los mismos.
Malos.

De hecho es muy probable que tanto un empleado que no consiga nunca el ascenso esperado, o el emprendedor que no logre ver triunfar su proyecto acepten el dolor que conlleva la insatisfacción culpando al entorno, a la política, a las personas que lo rodean y hasta a los astros o al karma.

No hacerse cargo de que uno mismo es su propio generador de frustraciones es el primer fantasma que hay que eliminar para comenzar el importante paso de perseguir y concretar un sueño de negocio o personal.

Cambiar las creencias limitantes y el pensamiento destructivo y ponerse en acción es la clave de la felicidad y el éxito.

Para lograrlo es importante:

1. Fortalecer la autoestima

Quererse, respetarse y valorarse a uno mismo debe ser nuestra principal motivación. Nuestra infancia, circunstancias y tristezas no las podemos controlar, pero sí podemos aprender de ellas de manera positiva y perdonarnos aquellos errores que creemos haber cometido.

2. Reconocer y alejar las emociones y sentimientos negativos

Cada vez que un pensamiento negativo irrumpa en la mente hay que focalizarse en la idea que “si otros pudieron, todos pueden”. Nadie tuvo felicidad y éxito sin dolor, ni éxitos sin fracasos previos.

Lo importante es recordar siempre que absolutamente todos los seres humanos tienen la capacidad y el derecho de lograr sus objetivos si realmente se lo proponen a pesar de las adversidades y obstáculos.

Meditar, hacer deporte, pasar tiempo con amigos o familia, reírse y jugar operan a nivel interno como verdaderos neutralizadores de las ideas nocivas y fomentan la alegría y el entusiasmo.

3. Dejar de castigarse

La creencia de no merecer algo o a alguien es tan común como errónea.

Muchos sienten que las cosas buenas le ocurren sólo a los ricos, a los malvados sin sentimientos, a los religiosos, etc. Es decir a todos menos a uno.

Es importante entender e internalizar que todos merecen una vida plena y con logros.

Las culpas, el castigo y los no merecimientos son sólo cadenas que hay que romper para darle lugar a una realidad mucho más esperanzadora y feliz.

Fuente: DonWeb

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