La tercera guerra de los navegadores

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Microsoft, otrora señor de la web, está listo para entrar de nuevo al juego que perdió desde la irrupción de Firefox y Chrome, hoy favoritos de los usuarios; pero antes tiene que matar al más odiado de los navegadores: el suyo.

La guerra moderna de los navegadores –la segunda en 20 años– comenzó en 2004, cuando Mozilla Firefox (primero bautizado como Phoenix y Firebird) desafió a Internet Explorer (IE), extendiendo su poderío desde cero a varios millones de usuarios en menos de cinco años. Hasta que en 2008 apareció una tercera potencia: Google Chrome, que sobrepasó a los anteriores en 2012.

Ahora, Microsoft, que se ha acostumbrado a morder el polvo desde la versión 6 de su navegador (y lleva 11), parece que está listo para una nueva incursión mundial y ha elegido, por lo menos, un buen nombre para su nueva arma: Spartan.

¿Y por qué esto debería importarle al usuario? Al fin y al cabo, los navegadores son cosas que se utilizan para ver otras cosas. Pero son más que la primera parada del día; son la puerta a un mundo de infinitas posibilidades. “Su rol como puerta de entrada para distintas tecnologías es lo que, precisamente, los hace importantes. Un navegador puede elegir un motor de búsqueda por defecto (lo que involucra mucho dinero) o determinar estándares web”, recordó Anthony Wing Kosner en una columna en la revista Forbes.

El gran perdedor

IE 6, versión lanzada en agosto de 2001, sigue apareciendo en cuanto recuento de los peores errores tecnológicos se haga en internet. Un día llegó a dominar el 95% del mercado; pero, claro, en ese entonces no tenía competencia y venía integrado con el sistema operativo Windows. Los usuarios no tenían otra opción.

Microsoft ya había sacado del medio a Netscape Navigator en lo que constituyó la primera guerra por el dominio de internet a mediados de la década de 1990. No obstante, no hay que llorar por Netscape porque terminó siendo vendido a AOL por US$ 4.200 millones en 1999.

IE siempre fue un motor difícil de desinstalar y presa para los perros debido a la lentitud de sus actualizaciones. El IE 6, por ejemplo, presentó algunas innovaciones como el cambio de tamaño de las web y la vista previa de impresión, pero se lo dejó acumular telarañas durante cinco años; mientras que Firefox y Chrome lanzaban nueva versiones cada seis semanas.

“Le erramos”, dijo llanamente Dean Hachamovitch, vicepresidente corporativo de Microsoft, en una conferencia en 2006.

Cuando llegó el sucesor, el IE 7 ese año, el daño ya estaba hecho. Firefox y Chrome no tuvieron que esforzarse para ganarle en seguridad, velocidad y eficiencia. Hasta hoy en día, el IE sigue sin admitir extensiones y no se sincroniza con otros dispositivos de forma automática.

Le erramos, dijo llanamente Dean Hachamovitch, vicepresidente corporativo de Microsoft, en una conferencia en 2006 sobre IE6.

Mientras tanto, Microsoft fue acusada de tácticas monopolistas en la Unión Europea y fue obligada a posicionar en Windows a los navegadores de la competencia (ver Otros contrincantes)de la misma manera que lo hacía con IE. A finales de 2009, se estableció que la opción se ofrecería en una ventana que aparecería la primera vez que se iniciase el programa a partir de la versión de Windows 7. En diciembre, esta sentencia prescribió y la compañía anunció que ya no mostrará la ventana de elección.

En 2014, además, se descubrió una falla de seguridad en 6 de las 11 versiones de IE. Microsoft señaló que se trató de “ataques limitados, dirigidos”, por el que el ciberdelincuente podía obtener los mismos derechos de usuario que el titular de un servicio.

Los ganadores

Ante el anquilosamiento del IE, Firefox convenció rápido: 1 millón de descargas en cuatro días, más de 10 millones de descargas en 30 días, más de 1.000 millones de descargas en cinco años. En ese entonces andaba por la versión 3.5 que soportaba 75 idiomas distintos.

Desde el inicio permitió abrir pestañas; algo que hoy resultaría inconcebible si faltara en un navegador, pero que IE tardó dos años en incorporar. En la empresa siempre se habló de que este Firefox era una “declaración de independencia frente a una web monopolizada y estancada”.

A principios de diciembre, Firefox lanzó su última versión del navegador con innovaciones tales como un sistema de depuración llamado Firefox Tools Adapter, y Firefox Hello, un sistema de videochat como Skype o Google Hangouts pero por el que no se necesita instalar nada más, entre otras mejoras, algunas todavía en versión beta. El que probaba Firefox rara vez volvía a IE.

Hasta que llegó Chrome, al que, por sus bondades técnicas, parece disculpársele que siga el viejo manual de Microsoft al requerir obligatoriamente sus servicios (Gmail y YouTube en particular) para algunas aplicaciones. Una de sus mayores fortalezas es que puede ser usado en todas las plataformas y dispositivos. Hace poco, Chrome arregló 42 agujeros de seguridad y deshabilitó el soporte para la versión 3.0 del protocolo SSL, causante de la última gran vulnerabilidad detectada por la compañía; además de mejoras en la estabilidad del sistema operativo.

A finales de 2014, el territorio de IE quedó reducido a menos del 20% del mercado, según Statcounter, un sitio de análisis del tráfico web. En diciembre fue el navegador más usado en Estados Unidos (no lo había sido desde noviembre de 2013), Vaticano, Japón, Corea del Sur, Papúa Nueva Ginea, Islas Salomón, Malvinas, Guinea-Bisáu y Lesoto. Chrome posee el 48% del mercado, seguido de Firefox (18%) y Safari, de Apple (11%).

El territorio de IE quedó reducido a menos del 20% del mercado, según Statcounter, un sitio de análisis del tráfico web.

El nuevo soldado

Para el lanzamiento de Windows 10, Microsoft está creando un nuevo navegador, según adelantó el sitio de tecnología y negocios ZDNet. No se trata de una nueva versión de IE –el tradicional–, sino uno creado desde cero, más parecido a Firefox y a Google Chrome, con mejoras en su aspecto externo y funcionalidades.

Entre las muchas incógnitas que rodean a Spartan está su adaptación a los dispositivos móviles; quizá Spartan acabe por convertirse en una alternativa, pero esta batalla será aun más dura que la reconquista de las computadoras de escritorio.

Sin embargo, IE no desaparecerá o, por lo menos, no por ahora. IE 11 estará incluido en el paquete de programas de Windows 10 por razones de compatibilidad, pero sin nuevas versiones o con mejores mínimas. Esto aseguraría que la transición no fuera turbulenta para muchos desarrollos web.

Hasta ahora, los navegadores han servido como soldados en el levantamiento de los imperios en internet y, en el caso del IE, ha servido para que el de Microsoft cayera con velocidad. La incógnita es si Spartan podrá acabar con su agonía.

Cromo

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