Millennials, desde adentro

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Mucho se sigue escribiendo e investigando para describir a nuestra generación: qué hacemos y cómo, que nos motiva, qué consumimos, etc. Pero muy pocos se detienen a tratar de entender el por qué. Somos lo que somos por algo, y desde ese lugar, desde adentro, propongo, algunas ideas, para abrir el debate.

Mucho se sigue escribiendo e investigando para describir a nuestra generación: qué hacemos y cómo, que nos motiva, qué consumimos, etc. Pero muy pocos se detienen a tratar de entender el por qué. Somos lo que somos por algo, y desde ese lugar, desde adentro, propongo, algunas ideas, para abrir el debate.

Por mi trabajo, me toca participar de “cumbres” y “conferencias” donde participan directores de empresas, aceleradoras, incubadoras, etc. Algunas de las presentaciones llegan a motivar hasta al más incrédulo, pero siempre me resulta atractivo participar de pláticas acerca de los millennials, aquellos nacidos entre 1982 y el año 2000 y que en el 2025, según Deloitte, supondremos el 75% de la fuerza productiva del mundo.

Creo que parte de mí trata de identificarse en aquella descripción, quizás para complementar una búsqueda propia de identidad… Estos escenarios se presentan de manera curiosa: salas repletas de directivos, en su mayoría de más de 50 años, llenos de preguntas y carentes de respuestas. Los interlocutores hacen lo posible por explicar de qué se trata esta nueva era: jóvenes tolerantes en algunos aspectos, comprometidos con la sociedad y el medioambiente, con alto espíritu emprendedor y algunas otras cualidades que podemos encontrar en cualquier blog post.

Pero la verdad es que no suelo quedar conforme con el tono de esas conversaciones. ¿Por qué? A ver si lo puedo explicar.

Poco se puede hacer para entender a los millennials si la cuestión se reduce a presentarlos como una era neo-hippie. No se comprenderá por qué un consumidor millennial es poco leal a una marca o a un trabajo, por ejemplo, si no se plantea cómo llega esa persona a estar en ese lugar, en ese momento.

Definitivamente, no hay forma de identificarse con una persona, si no se reflexiona sobre cómo llega a ese lugar, por qué se siente así y por qué actúa de esa manera. Pero lo más importante: no surgirá la oportunidad de hacer algo al respecto si no se analiza qué pasó en el mundo para que nos encontremos, todos, en esta nueva era, y quién es responsable por ello.

Son muchas preguntas, muchos aspectos en los que ponerse a pensar, pero quiero, ahora, detenerme en algunos puntos que, para mí, explican por qué los millennials, o Generación Y, somos como somos.

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→ Dicen que mientras más nos conectamos, más nos desconectamos, que tenemos más relaciones virtuales que reales

Los millennials somos los primeros nativos digitales de la historia. Según Nielsen, cuando se les pregunta a los millennials que hace de única a su generación, la primer respuesta es “el uso de la tecnología” con el 24% seguido por “cultura Pop” con el 11% y “liberales/tolerantes” con el 7%. En contraste, los baby boomers ubican “ética profesional” como el rasgo más característico de su generación. El 81% de los millennials tiene perfil en Facebook y un 83% duerme con el celular al lado.

→ Dicen que no somos comprometidos con las empresas

Las empresas dejaron de ser fuente de pertenencia y sentido, y las que no lo vean, serán las que tendrán mayores problemas. Pero en términos más generales, siendo una generación testigo de la más increíble decadencia del sistema previsional, viendo millones de abuelos peleando por recibir aquello por lo que han aportado y teniendo muy claro que si no hay ahorro, si no hay previsión personal, tendremos un serio problema en el futuro…¿en serio me quieren pedir un mayor compromiso a la misma maquinaria?

 Dicen que somos nómades, que buscamos oportunidades globales

Somos la generación que convive con niveles de desempleo sin precedentes en el mundo, que alcanza tasas alarmantes de más del 55% entre los jóvenes españoles y que son el 43% del total de los desempleados de Latinoamérica. La generación con los primeros estudiantes de esta era que enfrenta los mayores niveles de endeudamiento en Estados Unidos, entre otras cosas por sus propios créditos escolares. La generación que se enfrentó al quiebre de la banca global justo cuando intentaba entender su propósito en la vida. El sistema financiero se rompió delante nuestro ¿Creemos entonces que puede haber un alto optimismo, por ejemplo, para comprar una casa y asentarse?

¿Cómo suponemos que sea una generación que sepa echar raíces, que quiera hipotecarse para comprar una casa? Según datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud (CJE) de España, un hogar joven debe dedicar una media del 53,3% de sus ingresos para pagar una vivienda propia… siempre y cuando perciban un sueldo, al menos, un 77% mayor que el salario medio real. Y esto se repite en las grandes urbes como Londres, París, Nueva York, Berlín, Estocolmo, México y la lista sigue. El alquiler resulta la mejor, o única, opción para la mayoría.

→ Dicen que tenemos un alto sentido de justicia

Somos una generación envuelta en gobiernos faltos de ideologías, donde la “practicidad” seduce a los líderes más influyentes, convirtiendo a los de izquierda en la derecha y viceversa, con el común denominador niveles de corrupción, quizás históricos, por su volumen y por el manto de impunidad que los envuelve. “Roba pero al menos hace”, escucho desde hace varios años. Claramente se vuelve un gran reto identificarse con un partido político tradicional cuando este es el escenario.

→ Que somos tolerantes

Mientras tanto se observan cambios radicales en algunas de las instituciones más antiguas: un Papa que deja su lugar a otro aún en vida; monarquías con niveles históricos de cuestionamientos, mientras sus tronos reciben nuevos dueños en la búsqueda de diferentes respuestas a un mundo que no comprenden. Al mismo tiempo, somos la generación con mayor diversidad racial entre sus miembros. Tan sólo en Estados Unidos 4 de cada 10 de los millennials son afroamericanos, hispanoamericanos, asiáticos o una mezcla de cada una de estas distintas razas incluyendo la caucasiana mayoritaria.

→ Dicen que nacimos en una época de superación económica, donde las familias prosperaban y los niños vivían en hogares seguros y confortables

Mientras tanto, la generación Y debe un billón de dólares por sus créditos escolares sólo en los Estados Unidos. “Es el grupo de jóvenes adultos más endeudado de la historia estadounidense”, revela el Pew Research Center. El 65% de ellos gana menos de 50 mil dólares anuales.

→ Dicen que no nos comprometemos a largo plazo

Con una vida que extiende la adolescencia hasta los 40, solo el 36% de los millennials está casado, frente al 60% de la generación X (nacidos entre 1965 y 1980). No sería ilógico ligar esto con el propio acceso al consumo y prosperidad. Lo difícil de poder proveer para nuestros hijos al menos cuanto recibimos nosotros, que en algunos casos representó hasta un 111% más poder de compra que nuestros propios padres. Mientras tanto, el contexto, no contagia el mayor optimismo.

Cierre, por ahora

Podría seguir la lista, como iniciaba este texto, muy probablemente como parte de un proceso de autodefinición, de auto conocimiento y creo que me llevaría mucho tiempo entenderlo. ¿Por qué? Porque principalmente somos una generación que por todas estas razones anteriores no espera que le digan quién tiene que ser sino que plantea su propia búsqueda, se preocupa por entender cual es su rol, cuál es su sentido y cual es su propósito. Somos la generación que tiene que leer a Viktor Frankl y su hombre en la búsqueda del sentido, somos una generación que sabe que si no crea, no se define, si no se mueve, no llega a ningún lado: somos una generación fundamentalmente, emprendedora.

Original publicado en Juan Lopez Salaberry

Acerca del autor

Juan Lopez Salaberry

Columnista invitado. Actualmente Partner de 500 Startups y liderando la aceleradora en la Ciudad de México. Tiene el privilegio de haber participado en el crecimiento de mas de 70 startups de Latam. No cree en las fronteras y dejó de creer en lo perfecto. En Twitter: @lopezsalaberry