Opinión: “Michelle Bachelet está destruyendo las instituciones de libre mercado” – Axel Kaiser

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Han transcurrido solo cinco meses desde que el gobierno socialista de Michelle Bachelet asumió el poder en Chile y la tasa de crecimiento económico del país ha caído en picada.

Reproducimos un post editorial publicado ayer en Forbes sobre las reformas económicas que propone el gobierno de Michelle Bachelet en Chile y que puede ser pertinente para la economía digital y los emprendedores. En los próximos días estaremos agregando más opiniones de las dos partes para estudiar a profundidad el impacto de las reformas tributarias de Chile para el sector de Venture Capital y Startups en ese país. 

“A lo largo de la década de 1980 Milton Friedman insistió en que Chile tenía que reintroducir la libertad política si se quería preservar las instituciones de libre mercado de nueva creación. En el largo plazo, el autoritarismo, creía Friedman, era incompatible con la libertad económica. Pero Friedman también era muy escéptico acerca del futuro de Chile una vez que se volviera a introducir la democracia. Temía que la clase política pudiera utilizar el proceso democrático para aumentar el tamaño del gobierno una vez más socavando gravemente la libertad económica. Veinticinco años después de la reintroducción de la democracia, las preocupaciones de Friedman parecen haberse hecho realidad.

Han transcurrido solo cinco meses desde que el gobierno socialista de Michelle Bachelet asumió el poder en Chile y la tasa de crecimiento económico del país ha caído en picada. La causa central de la dramática caída de la actividad económica ha sido el plan del gobierno de hacer una “tabla rasa” con las instituciones de libre mercado que habían permitido a Chile convertirse en el país más próspero de América Latina.

Una de las propuestas más perjudiciales es una reforma fiscal masiva, ya aprobada, que aumentará dramáticamente el impuesto de sociedades en Chile dejándolo por encima de la media de la OCDE. Además, la reforma fiscal, que tuvo una fuerte oposición de las asociaciones de emprendedores y una disminución del apoyo de la población, otorga facultades discrecionales sin precedentes sobre los contribuyentes a los recaudadores de impuestos.

Otro objetivo del programa socialista radical de Bachelet es el emblemático sistema de pensiones chileno. Como es bien sabido, Chile fue el primer país del mundo en introducir un sistema privado de gestión de seguridad social basado en cuentas de capitalización personales. Bajo este esquema, cada mes los trabajadores chilenos depositan un porcentaje de sus ingresos en una cuenta a su nombre, que es administrada por empresas privadas llamadas AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones). Así, cuando los trabajadores se jubilan no dependen de otros trabajadores que paguen en el sistema para obtener una pensión. Más bien, ellos reciben su propio dinero ajustado por la inflación más los intereses.

A diferencia de los sistemas postpago de Bismarckean que existen en los países más desarrollados, el sistema chileno está totalmente financiado. Por otra parte, la acumulación de capital que las AFP han provocado ha permitido el surgimiento de un mercado de capitales, que a su vez ha hecho posible invertir los ahorros de los trabajadores en Chile. Esto ha contribuido de manera decisiva al crecimiento económico y a la creación de oportunidades de empleo para los chilenos. Estos hechos, reconocidos en la literatura especializada, son totalmente despreciados por la actual administración.

Decidida a traer de vuelta el Estado al negocio de la seguridad social, la señora Bachelet y sus ministros ya han desarrollado un plan para crear una empresa estatal de pensiones. Como es fácil de prever, esto probablemente les va a crear una competencia desleal a los actuales administradores privados que no serían capaces de igualar las comisiones cobradas por una empresa subsidiada por el dinero de los contribuyentes.

En otras palabras, existe un peligro real de que el nuevo administrador de los fondos estatales se convierta en una amenaza existencial para la más importante de las reformas de libre mercado realizadas en Chile en la década de 1980. Otras reformas del programa socialista de Bachelet  incluyen poner fin al sistema privado de salud en su forma actual con la socialización de todos los pagos que los trabajadores hacen actualmente por su seguro de salud.

Esto significaría una expropiación de los pagos de los trabajadores en sus empresas de seguros, que serían transferidos directamente a las arcas del Estado. Como muchos economistas han advertido, las consecuencias de esta reforma serían desastrosas. Pero hay más.

Entre otras reformas, la actual administración tiene previsto hacer una transformación sustancial de las leyes laborales, que empoderarían dramáticamente a los sindicatos y afectarían la productividad; una reforma educativa que acabaría con el sistema actual de vales creando un sistema estatal de educación uniforme para todos; y el estilo argentino de educación superior gratuita para todos.

Además, los partidos políticos de izquierda están planeando crear una nueva constitución que tiene que empezar, en palabras del ex presidente socialista Ricardo Lagos, “de una pizarra en blanco”. Como el mismo Lagos declaró recientemente, la nueva Constitución debería poner fin al principio de subsidiariedad del Estado en que se basa la Constitución actualmente en vigor. De acuerdo con este principio, el Estado tiene derecho a intervenir sólo cuando los actores privados no resuelven los problemas sociales urgentes.

En la nueva Constitución socialista, el gobierno se convertiría en el conductor central del progreso social y económico, un modelo que Chile ya había probado desde la década de 1930 en adelante y que terminó desastrosamente en 1973. Curiosamente, la Presidenta Bachelet ha declarado recientemente que ella compartía los mismos objetivos que el ex presidente marxista Salvador Allende que dirigió el país desde 1971 hasta 1973.

A diferencia de Allende, la señora Bachelet no está tratando de convertir a Chile en un régimen comunista. Pero no es ningún secreto que en gran medida se apoya en una antigua filosofía estatista. Y no hay duda de que si su administración se sale con su proyecto, Chile dejará de ser un modelo para América Latina. Queda por ver si los que quieren preservar la senda del progreso seguido por Chile en las últimas décadas podrán salvar al país de un tipo argentino de desarrollo institucional. Por el momento, el futuro se ve bastante sombrío.”

Por Axel Kaiser / Forbes

Traducido al español desde su fuente original