Susana García-Robles del FOMIN: “Las emprendedoras de alto impacto son factor de crecimiento para la región”

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En el contexto de marzo, mes de la mujer, dedicamos días atrás un artículo a analizar qué posicionamiento se le otorga a lo femenino cuando se lo reduce, sin más, “a quien ostentan el poder la compra”. ¿Por qué no apuntar a su rol productivo? Fue una de las preguntas principales que dispararon el debate que dio forma a esa charla.

El mensaje del estudio  “Liberando el potencial de crecimiento de las emprendedoras de Latinoamérica y Caribe” presentado esta semana en la sede del BID (Washington, EE.UU.) es precisamente ese: alentar a gobiernos de la región a estimular la participación femenina como factor de impulso a la productividad de los países latinoamericanos.

Según el “Reporte sobre el Desarrollo en el Mundo” del Banco Mundial estos países podrían aumentar hasta un 25% su crecimiento si desbloquearan los obstáculos que impiden el desarrollo de todo el potencial femenino al servicio del emprendimiento.

La Investigación fue encargado a la consultora Ernst & Young (EY) por el Fondo Multilateral de Inversión (FOMIN), dependiente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con el objetivo de focalizarse en los desafíos que deben enfrentar las mujeres latinoamericanas para convertirse en emprendedoras y las claves para que puedan animarse a abrir sus propios negocios.

El nudo de la coyuntura –según el informe- es que las mujeres representan más del 40% de la población económicamente activa en la región, pero su aporte como emprendedoras se reduce al 15%. Si se impulsara este potencial con financiamiento y otras medidas, los beneficios derramarían sobre toda la economía.

Susana García-Robles, Oficial Principal de Inversiones a cargo del grupo de Financiamiento en Etapas Tempranas de FOMIN (Early Stage Equity Group, MIF) -y que desde 1999 ha creado y dirigido las inversiones de capital emprendedor del FOMIN en América Latina y el Caribe- participó de la presentación y dialogó con PulsoSocial sobre los desafíos que deben enfrentar las mujeres latinoamericanas para convertirse en emprendedoras.

Clarisa Herrera ¿Cómo podrías resumir la búsqueda que realiza el FOMIN con el informe? 

Susana García-Robles El potencial femenino es enorme, no obstante en la región de Latinoamérica y el Caribe se conoce poco de las emprendedoras de alto crecimiento. Ese vacío es el que buscamos llenar con el informe allí analizamos quiénes y cómo son las mujeres emprendedoras en América Latina, por qué lo hacen, en qué sectores emprenden, y qué dificultades y necesidades tienen. Con las políticas adecuadas y con cierto cambio de mentalidad por parte de las mujeres emprendedoras, el sector podría tener ese mismo impacto que aportan en otras economías desarrolladas.

CH El informe destaca la falta de redes de contacto como aspecto crucial ¿cuál es el núcleo del conflicto allí? 

SGR Cuando miramos el número de personas que estudian en el exterior, la mayoría son todavía hombres, lo que tiene una clara consecuencia en las redes de contacto. Por ejemplo, en los Estados Unidos muchos de los profesores son emprendedores, y en general quedan conectados con los alumnos cuando se reciben. Se genera así una red común entre los profesores-alumnos y los alumnos entre sí que favorece al momento de emprender cuando los alumnos vuelven a sus países de origen. Es así que las redes de contacto de las mujeres son más escasas que las de los hombres.

CH Allí viene la desventaja de nutrirse del círculo más íntimo ¿en qué las perjudica? 

SGR Al no tener tanto mentor profesional o independiente, el crecimiento de la empresa tiende a ser un poco más tardío porque van a recibir un consejo que en general viene del círculo más cercano, más emocional que profesional. El tema del emprendedor es si su modelo de negocio puede ser validado por el mercado pero –y cito a Ariel Arrieta– el mercado no es tu madre ni tu novia, porque ellos no van a querer romperte el corazón. Debes acudir a alguien que sea lo suficientemente independiente y que diga qué es lo que vale y qué hay que mejorar. Pero si los mentores son tu círculo cercano –y eso pasa con muchas mujeres- en general van a animarte y no decirte qué haces mal. El mentor independiente será objetivo, eso es lo que necesitan.

CH Esa misma falta ¿cómo afecta la búsqueda de inversión? 

SGR Las mujeres, por esta misma falta de contacto, saben menos cómo llegar a redes de inversores o capital semilla y ni que hablar venture capital. Para todos el acceso al financiamiento “es un tema,” pero cuando miras el segmento de ángeles, venture y seed los hombres acceden en un 15% y la mujeres aún lo tienen peor, sólo un 5% de ellas accede. Lanzaremos en abril un proyecto regional para apoyar la consolidación de redes de inversores ángeles. Tenemos 54 fondos en nuestra cartera de capital semilla y emprendedor y hemos invertido en NXTP Labs por su llegada regional, pero necesitamos que muchos más se suban a la ola.

CH En el informe habla también de zonas de “confort” para el emprendimiento femenino y la tecnología aún parece lejos de ese alcance ¿a qué lo atribuyes? 

SGR Con respecto a la tecnología en sí, ocurre que hombres y mujeres emprenden donde se sienten que tienen know how y aunque esto esté cambiando en los últimos años, las mujeres son la minoría en biotecnología y en todo lo relacionado a código. Estamos entrando a esos sectores pero hay una demora en entrar en esos territorios. Por el momento estamos entrando después que el hombre crea la empresa y ahí si demostramos que tenemos conocimiento tecnológico por ejemplo en el diseño de websites, pero no como fundadoras. La buena noticia es que estamos entrando, la mala, es que demoraremos en ponernos al día. Existe una zona de confort en las mujeres que tenemos que romper, es más fácil meterse en un negocio de alimentos, bebidas, servicios, manufactura en vez de desafiarnos un poco más.

CH El fracaso y temor a abrir puertas aparece como una constante en la mujer ¿ha cambiado la perspectiva? 

SGR Al comienzo de emprender las mujeres tienen miedo al fracaso, en cambio para el hombre no es tanto un tema. Nos gusta estar más en control, si no hemos estado tanto en el área de la tecnología, cuando emprendamos iremos hacia los lugares en los que nos sentimos más cómodas. Al principio las mujeres sienten que es más difícil abrir puertas porque son mujeres, una vez que han roto la primera barrera, 88% de estas emprendedoras dijeron que no veían un problema con ser mujeres. Lo resultados surgen del feedback que tenemos de nuestros gestores de fondos, que por otro lado buscan buenas compañías, no miran si las lidera un hombre o una mujer. La mayoría dijo que pensaba que el camino emprendedor era mucho más complejo porque hay una desconfianza inicial respecto de si pueden ser tan buenas para negociar como un hombre. Pero luego, lo que muestra que los tiempos están cambiando es que 90% de los hombres emprendedores sostienen que las mujeres que emprenden pueden llegar tan alto o más que ellos.

CH ¿En qué caso concreto ves este temor? 

SGR Lo vemos en el idioma por ejemplo. El hombre latinoamericano que van a eventos como Startup Weekend o similar exponen su pitch en inglés a veces con errores, pero el foco es dar el mensaje y cuando termina todos festejan. Cuando la mujer se sube a exponer está preocupada en saber si va a hablar correctamente en inglés y eso le hace perder el dinamismo que uno a veces ve en los hombres. Como siempre, no hay que generalizar.

CH ¿Cómo ven hombres y mujeres el emprendimiento? Me refiero a qué apuntan como proyecto y en relación con sus vidas personales 

SGR La mujer piensa que va a ser perfecto el emprender para poder compatibilizar vida familiar con vida laboral, principalmente por la cuestión de la flexibilidad. Eso ocurre durante un tiempo pero cuando la empresa crece y exige tiempo se vuelve un obstáculo ese equilibrio que quiere. Al hombre le ocurre diferente. Al comienzo de emprender, se cuestiona si va a poder tener un balance y luego ya no aparece como un problema. La ambición de las mujeres al comienzo es tener una empresa nacional, grande, pero local, los hombres hablan de empresas internacionales, que facturan millones. Una vez que transcurren esos primeros años, las mujeres son incluso más ambiciosas que los hombres, afirman que harían todo lo posible porque sus empresas se vuelvan internacionales. En resumen, al comienzo la desconfianza, al darse cuenta que pueden hacerlo, las ambiciones se igualan.

 

 

Acerca del autor

Clarisa Herrera

Clarisa Herrera Lafaille
Licenciada en Comunicación Social. Periodista especializada en marketing, tecnología y analista de medios. Docente de Periodismo y Comunicación. Investigadora de tendencias, hábitos y comportamientos sociales aplicados a negocios. Bailo Jazz. En Twitter: @theguapa