Apps de impacto social: la punta de lanza del desarrollo en Latinoamérica

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Es necesario observar cuál es el motor del crecimiento móvil. En el caso de Latinoamérica, está ligado a las apps de impacto social.

Mientras muchos análisis se concentran en cómo se acomoda el mercado con el increíble crecimiento de la conexión móvil, es necesario también observar cuál es el motor de ese crecimiento. En ese sentido, América Latina emerge con una respuesta casi unánime: una nueva forma de vincularse con el espacio público.

Se sabe que el mayor crecimiento del uso de internet tiene lugar en Latinoamérica, donde el 43% de los habitantes está conectado. Se espera que para el 2016, la conectividad supere el 50%. Esto representa un 13% de crecimiento anual, superior a cualquier otra región en el mundo.

Más importante aún es saber cómo se conectan las personas en este lado del planeta. Mientras menos de la mitad de la población tiene acceso a internet en su casa, la mayoría tiene una conexión móvil. Esto puede tener su raíz en la diferencia de costos: es más económico poseer un smartphone con paquete de datos, que una computadora y una conexión en el hogar.

Desarrollo tecnológico para el cambio social

Conociendo a la audiencia y sus preferencias a la hora de conectarse, la oportunidad está a la vista de todos. Concentrarse en el desarrollo de mobile apps es la clave para que cualquier emprendimiento llegue realmente a una población que está atenta… y conectada.

Así lo pensaron los organizadores de DAL, Desarrollando América Latina, que en 2011 reunieron a 6 países de la región y lanzaron el primer hackatón de aplicaciones con impacto social. Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay fueron testigos de este primer esfuerzo en reunir el talento de América Latina para resolver problemas comunes. Lo más importante: la representación de cada país se dio a través de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC). Entre las pioneras de ese primer encuentro estaban GarageLab, Wingu (Argentina), W3C (Brasil), Fundación Ciudadano Inteligente (Chile), Citivox, Fundar (México), Escuelab (Perú) y Cubbox (Uruguay). ¿El objetivo? Resolver problemas sociales comunes de la región, como educación, salud, seguridad ciudadana y transporte, por nombrar sólo algunos. ¿Cómo lograrlo? Haciendo uso de la tecnología, los datos abiertos y la colaboración entre diferentes actores sociales.

De esta manera, con fuertes referentes en aplicaciones enfocadas en educación, medio ambiente, política y transparencia, presupuesto, salud, seguridad ciudadana y ciudades inteligentes, DAL logró dibujar un buen camino a seguir. A través de un hackatón se trabajaba en simultáneo en todos los países involucrados, y se logró dar un fuerte impulso a aplicaciones que se concentraban en un problema concreto.

Así, un evento que se empezó como una maratón de desarrollo de 36 horas en 2013 pasó a ser un Apps Challenge, con un tiempo de postulación de 3 semanas, y ganadores en todos los países, que el año pasado llegaron a 12. Con esta competencia, no sólo se logró sacar a la luz talento nato en el desarrollo tecnológico, sino que se consolidó una comunidad de conocimiento que se nutre a lo largo del año con newsletters y actualizaciones constantes en las últimas tendencias. En esta última edición, Desarrollando América Latina también incursionó en la modalidad de aceleración especializada, cuyos resultados se conocieron a comienzos de 2014. “Uno de los puntos a trabajar para los próximos años tiene que ver con lograr una mejor difusión de las aplicaciones que se desarrollan en el marco de DAL, con aliados que puedan acercar la herramienta a millones de usuarios. Tenemos que dejar de ser una comunidad pequeña y entusiasta para ser una comunidad amplia y funcional”, explicó Paula Alzualde, responsable de Educación y Datos Abiertos de Wingu (Argentina), una de las OSC organizadoras del encuentro regional.

Aplicaciones: la oportunidad

Sin dudas, este impulso dado por el grupo emprendedor DAL es otra cara de un fenómeno que caracteriza a la región: el emprendedurismo social. “La verdad es que gran parte de los proyectos sociales que vemos nacer tienen su base en la tecnología, que resulta en una plataforma excelente para llegar más lejos, con menos costos, integrar más gente, y comunidades”, detalla Alzualde. Es precisamente lo que están haciendo desde Wingu, en el desarrollo de una nueva plataforma participativa para los vecinos de las villas de la Ciudad de Buenos Aires. El desarrollo consiste en un mapa que geo-referencia puntos de interés clave para mejorar la calidad de vida de las personas que viven en situación desfavorable: estado de los servicios públicos, obras públicas y aquellos aspectos esenciales para la urbanización de estos barrios.

Ahí reside la otra cara de la gran oportunidad que presenta este escenario. Las aplicaciones móviles tienen gran éxito hoy en día porque se concentran en un solo proceso, o un problema, y ofrecen una solución concreta. Para Alzualde, la experiencia muestra que es muy importante simplificar el escenario a resolver, las funcionalidades asociadas para eso y trabajar inicialmente con esa base, donde se puede escalar en un futuro agregando nuevas funciones. “La clave está en intentar solucionar un problema puntual, exponerlo a los usuarios, aprender de esa experiencia y volver a trabajar. Se trata de tener ciclos cortos de desarrollo que permitan probar y corregir en etapas previas al lanzamiento final”, explica. En otras palabras, es vital la constante validación con el mercado.

El grupo de trabajo que desarrolla una aplicación nueva también es clave. Según Anca Matioc, coordinadora regional de DAL, y coordinadora de proyecto en Fundación Ciudadano Inteligente (Chile), es vital la participación de stakeholders en el desarrollo de la app. “La co-creación con estos expertos es crítica para desarrollar una aplicación de alto impacto, ya que conocen bien el tema, los problemas, los actores involucrados, y los desafíos al momento de plantearse una solución. De todas maneras, hemos visto que cuando se involucran los stakeholders, las aplicaciones responden a una demanda real, a un problema real, y se crea e implementa una solución de utilidad para la ciudadanía”, describe.

Según Matioc, el boom que vivió América Latina en innovación social atrajo talento a sus países desde todo el mundo. “Cada año no sólo aumentan las aceleradoras que se interesan en la región, sino que mejora la calidad, porque existe un alto grado de competencia que atrae al mejor talento a América Latina”, explica.

Finalmente, una aplicación puede ser la punta de lanza para que un grupo emprendedor pueda comenzar su camino en los negocios. Por eso es importante encontrar un programa de aceleración que vaya con el perfil de la startup. Así, con inversión de capital y capacitación altamente competitiva, el impulso proactivo de una startup puede llegar muy lejos. Después de todo, una buena solución puede ser usada por millones. Sólo es cuestión de administrar bien los recursos en la etapa de crecimiento.