DreamIt Ventures vs Start-Up Chile: 5 diferencias entre aceleradoras de EEUU y Latinoamérica

Apple_and_Orange_-_they_do_not_compare
Las diferencias entre las aceleradoras DreamIt y Start-Up Chile se extienden mucho más allá del ecosistema en el que se desenvuelven.

En un corto período de 18 meses, he tenido la oportunidad de vivir de lleno en dos ecosistemas para startups abismalmente distintos, liderando dos compañías seleccionadas para programas en ambos extremos del continente. En 2012, Pota-Toss fue el primer startup costarricense en ser aceptado en una aceleradora en Estados Unidos: DreamIt Ventures – New York, nombrada por Forbes como la tercera más importante en el mundo. Una vez concluida esa etapa y a cargo de un nuevo equipo, lanzamos hace poco una herramienta para presentaciones ejecutivas llamada Slidebean, que fue seleccionada para la 8ª Ronda de Start-Up Chile, el principal referente de las aceleradoras de América Latina.

Lo que descubrí en mis experiencias es que las diferencias entre DreamIt y Start-Up Chile se extienden mucho más allá del ecosistema en el que se desenvuelven y el origen de sus fondos.

1- ¿Por qué estamos aquí?  

Esta es quizá la diferencia más fundamental y relevante de toda la experiencia. Las aceleradoras en Estados Unidos proveen su apoyo a cambio de un porcentaje de tu compañía. Los porcentajes rondan entre el 6% y el 10%, y en todos los casos es un precio muy bajo por lo que recibís a cambio, en especial para un startup que apenas inicia.  Con esto queda clarísimo entonces el objetivo del programa: si a los startups les va bien, a todos les va bien. Las aceleradoras funcionan con un fondo de capital aportado por venture capitalists, enfocándose en hacer pequeñas apuestas en muchas compañías sabiendo que algunas de ellas serán exitosas, aunque la mayoría vayan a fracasar. Y esto está bien. Todos tienen claro desde el principio el riesgo de emprender y en Estados Unidos que tu startup falle no es un problema, no te marca de por vida como sucede en Latinoamérica. Un fracaso es una lección y se recibe mérito por eso.

De este modo, la inversión de una aceleradora es a mediano plazo, se cosecha cuando los startups levantan capital a valoraciones mayores o eventualmente sean adquiridos. Ese 10% de acciones que les costó unos US$50,000 con el programa, se puede convertir en US$5M en solo algunos meses, y tan solo un startup exitoso es suficiente para compensar por nueve que fracasen.

En Start-Up Chile (SUP), el objetivo primordial es muy distinto ya que SUP es una organización sin fines de lucro creada por el Estado chileno. Aunque es importante que los startups crezcan, lo más relevante para el equipo a cargo es que se fomente el emprendimiento en Chile, atrayendo talento de todas las partes del mundo e involucrándolos con la comunidad.  Por lo tanto Start-Up Chile no solicita acciones a sus participantes; el valor que agrega el programa se debe retribuir ideando y liderando actividades en la comunidad emprendedora de Chile durante los 6 meses de estancia obligatoria en Santiago. Este es precisamente el norte de toda la iniciativa. En este caso la inversión es a un plazo muy largo, es una apuesta de un gobierno con forward thinking que en pocos años ya ha logrado transformar a Chile en uno de los principales hubs para startups en América Latina. Un increíble modelo a seguir.

Esta diferencia también trae obviamente un cambio importante en el manejo de los fondos. Los inversionistas en EEUU tienen plena confianza en que los CEOs se encarguen de que el dinero sea administrado de la mejor manera. Aunque la mayoría del capital está destinado a costos de vida, no hay ninguna fiscalización sobre en dónde se invirtió finalmente. En el caso de los fondos gubernamentales y al ser dinero de los contribuyentes, el proceso es tan largo y tedioso como se puede esperar de un trámite burocrático: facturas, comprobantes, comprobantes del comprobante y declaraciones juradas son de esperar.

2- Los startups

En Norteamérica, la principal variable para ser aceptado entre los cientos de postulantes es la validación de la propuesta de valor; es decir, métricas que prueben que la idea tiene sentido. Me atrevo a decir que es casi imposible ser aceptado únicamente con una buena idea y un buen equipo. Es por esto que en el momento en que inicia el programa, todos los equipos ya tienen un producto que pueden mostrar y evaluar con mentores e inversionistas. Además, por las dificultades que representa levantar capital en EEUU para un startup extranjero, la mayoría de los emprendimientos son estadounidenses; en efecto fuimos una de las pocas excepciones.

En Start-Up Chile por el contrario, me parece que el equipo fundador es la variable más importante, lo que tiene muchísimo sentido ya que es talento lo que se busca atraer. Igualmente, el enfoque de Start-Up Chile abre las puertas a emprendimientos sociales o sin fines de lucro, que están casi completamente prohibidos en las aceleradoras de Estados Unidos ya que no les retornarían ningún valor.

Sin embargo, este enfoque atrae también startups que a mi parecer aún están en etapas demasiado tempranas, en las semanas de inducción encontré muchos proyectos aún terminando de aterrizarse, y que esperan usar el tiempo en Santiago para construir su primer beta. Este fue quizá mi mayor aprendizaje durante DreamIt y que impulsé en el equipo de Slidebean: el tiempo en una aceleradora es muy poco y muy valioso como para invertirlo únicamente en desarrollo de producto.

3- La atención

El número de startups de cada clase también tiene un impacto importante sobre la dinámica de los programas. Las aceleradoras de Estados Unidos aceptan entre 10 y 15 startups por clase; es una comunidad pequeña en una oficina pequeña y es muy difícil encontrar dos proyectos similares, pues no tendría sentido para los inversionistas que compitan entre sí.

La ronda más reciente de Start-Up Chile es de más de 80 startups y de este modo SUP acumula ya más de 1,000 startups graduados alrededor del mundo, convirtiéndolos en la red de emprendimientos más grande del planeta. No obstante, esto genera una inevitable competencia por atención, pues las horas de los mentores son limitadas y en el Demo Day únicamente participan los mejores 15 startups de cada generación.

4- El Ecosistema

Tanto New York como Santiago son un Silicon Valley en construcción. En ambos casos hay un ecosistema, hay talento y hay un dinamismo que todo hub para startups requiere. Si bien New York es en muchos aspectos la capital del mundo, California sigue siendo el paraíso por excelencia para los startups de tecnología, tanto por las fuentes de capital, talento disponible, mentores y casos de éxito.

El ecosistema de la Costa Este es muy distinto al del otro extremo del país: los inversionistas quieren ver modelos de negocio probados en vez de únicamente engagement rates, y es más difícil encontrar valoraciones descabelladas como la reciente noticia de Snapchat.  Aún así, hay una excelente red de emprendedores en la ciudad, hay un pool creciente de talento buscando sobresalir y lo más importante, hay una audiencia y usuarios para cada uno de los nichos de productos que un startup pueda desear. El sueño americano versión startup es posible y lo he visto suceder.

Ahora, si bien Chile es uno de los países más desarrollados de Latinoamérica muchos startups, no han podido hacer sus modelos de negocio sostenibles en la región. Tal es el caso de BOXFOX. Según su CEO Chris Palmer, “La experiencia de Start-Up Chile es excelente y la recomendaría para cualquier startup. Hay un ecosistema grande y creciente. Nos habría encantado quedarnos, pero nuestros mentores más importantes se encuentran en Silicon Valley y esperamos levantar capital estadounidense para nuestro startup”.

Hay en efecto un número reducido de angel investors y solo algunos venture firms dispuestos a invertir en tecnología en Chile. Levantar capital es un proceso exhaustivo pero necesario y aunque hay progreso, las posibilidades de encontrar funding en Sudamérica son menores, lo que dificulta además que los emprendedores decidan permanecer en Chile cuando termine el programa.

La ventaja, no obstante, es que Start-Up Chile es la punta de la lanza del emprendimiento en Santiago y una referencia para todos los emprendedores en el país. Los fundadores que participan del programa tiene la oportunidad de interactuar directamente y ser ejemplos para quienes lideran el ecosistema local, ventaja que debemos aprender a aprovechar de la mejor manera.

5- Y después?  

Qué pasa después es probablemente la pregunta más difícil que todo emprendedor debe hacerse. Para un startup, tristemente, el dinero es vida y se acaba con mucha facilidad. He aprendido sin embargo, que -por más descabellado que suene- esta no debe ser su principal preocupación.

En el caso DreamIt Ventures, el refugio que brinda tener una oficina donde trabajar y -a veces- pasar la noche se acaba una semana después de Demo Day: el co-working space solo existe durante los 3 meses que dura el programa.  Esta noción de que el tiempo se acaba se convierte en un fuerte motivador para los equipos, dándole más sentido aún al término ‘aceleradora’ y verdaderamente generando un esfuerzo sobrehumano durante un período que se sabe es único, valioso y limitado.

En el caso de Start-Up Chile, el proceso de aceleración/incubación dura 6 meses, y el espacio de oficina está disponible indefinidamente. De nuevo, el objetivo acá es propiciar que los emprendedores sigan siendo parte del ecosistema de startups y en efecto comparto la oficina con emprendedores que llevan acá algunos años. Esto puede representar un arma de doble filo en especial para startups con poca experiencia. El sentido de tranquilidad es un lujo que un emprendedor no puede darse. Nunca.

Según Olga Reimgen, co-fundadora de Epiclist, “El proceso de Start-Up Chile no es tan intensivo como lo fue Startup Wise Guys, del que participamos anteriormente. El espacio común es más tranquilo, se siente en realidad como una gran universidad. Start-Up Chile es un excelente programa, y puede funcionar muy bien como complemento y plataforma antes de aplicar a una aceleradora en Estados Unidos o Europa”.

Independientemente de la latitud, compartir, sufrir, aprender y crecer al lado de un grupo de personas genera un lazo difícil de romper; es un nexo entre personas con un interés común que entienden mejor que nadie las dificultades de ser el fundador de un startup. El sentido de familia y de solidaridad que genera pasar por una aceleradora es incomparable y se vive cuando vemos a un compañero alcanzar una meta, o a una compañía anunciar bancarrota.

Son dos experiencias muy distintas pero cualquier aceleradora va a ser el ‘sí se puede’ más importante que un startup puede recibir y definitivamente, va a ser una experiencia única en la vida.