Bogotá: ¿un ecosistema de emprendimiento aún incipiente?

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Durante la primera edición de Expo Emprende TIC, en la que se certificaron 40 proyectos del programa ‘Cierre de brechas tecnológicas y apoyo al emprendimiento TIC’ de la Secretaría de Desarrollo Económico, se llevó a cabo un interesante panel en el que se habló de temas como el emprendimiento en Bogotá, la competitividad en la región, la innovación, y la ciencia y emprendimiento.

El panel contó con la moderación de Mauricio Santillán, CEO de Visionaria, una aceleradora de negocios basada en México y la participación (de izq. a der. en la fotografía) de Inocencio Bahamón, Rector de la Universidad Distrital; Víctor Duque, empresario y quien fuera fundador y Presidente de la Federación Colombiana de Software; Hernán Ceballos, Director de Competitividad Bogotá-Región; Daniel de la Cuesta, Coordinador de Emprendimiento de Colciencias; y Agustín Vélez, presidente de Inalambria.

Estas son algunas ideas de lo que allí se debatió. A la pregunta de si Bogotá es un buen lugar para emprender se dio un interesante cruce de opiniones que surgieron de dos escenarios: la comparación de la ciudad con otras ciudades del país y con otras ciudades del mundo.

“El ecosistema de la ciudad está en un estado incipiente pero esta organización que tenemos y la alianza entre el Estado, en este caso el Distrito Capital de Bogotá, la universidad y los empresarios es definitivamente el campo de cultivo más interesante para los emprendedores”, comentó Víctor Duque. El problema comenzó cuando presentó a la ciudad como la de “la mayor oferta universitaria y el mayor número de profesionales graduados” algo que es apenas natural siendo la capital de Colombia y concentrando los recursos y las dinámicas propias de esa naturaleza.

Agustí Vélez, por su parte, quien en algún pasaje del panel fue aplaudido por el auditorio de La Plaza de los Artesanos, no quiso ser pesimista pero sí dejó claro cómo hay que comparar a la ciudad: “Definitivamente cuando uno compara a Bogotá con otras ciudades del mundo, con otros centros de emprendimiento, nos falta muchísimo. Desde mi perspectiva es un ecosistema crudo, que no funciona como tal. En Colombia los incentivos económicos están más orientados a la minería que a la alta tecnología”. 

Duque habló de que tenemos una ventaja muy importante en el caso de las TIC y es que el conocimiento de las TIC no viene como el conocimiento en el pasado que era acumulativo sino que “hoy podemos dar saltos y colocarnos al nivel del estado del arte en el mundo en muy poco tiempo si orientamos los recursos adecuadamente”. Su punto era para explicar que esa diferencia fácilmente perceptible con otras ciudades y otros ecosistemas  “la podemos superar si existe la voluntad, en este caso tenemos la voluntad política, la de la academia y la de los empresarios y teniendo materia prima”.

Con ‘materia prima’, Duque se refiere a esos emprendimientos que comienzan a nutrir el ecosistema de la ciudad: “Cuando veo las 40 empresas que pasaron por este proceso y las analizo desde la fecha en que las entrevistamos hace cuatro meses y vemos cuánto han avanzado en 120 días quedo sorprendido y maravillado”. Y concluyó con que hay un esfuerzo que sí se puede hacer y aunque se esté en una etapa incipiente el tema de las TIC da la posibilidad de ponerse a tono muy rápidamente.

Frente a la comparación de Bogotá como ecosistema de innovación y emprendimiento con otras ciudades alrededor del mundo, el representante de Colciencias en el panel destacó el proceso de los 40 emprendimientos como “un ejemplo clarísimo para demostrar que sí se pueden generar ingresos en este tipo de negocios y eso va a llevar a fortalecer el ecosistema”.

De la Cuesta le puso otro tinte a la discusión: “Ahora, es cierto que el ecosistema es un poco débil pero se está trabajando en él y es que crearlo no es tan fácil como uno cree”. ¿Cuántos ecosistemas realmente son tan fuertes en emprendimiento? Se pregunta. “Siempre estamos hablando de un Silicon Valley y en muchos lugares del mundo han tratado de replicarlo sin haberlo logrado, pero en estos espacios y desde Colciencias estamos viendo que hay proyectos supremamente interesantes que pueden llegar a cambiar ese concepto que tenemos que lo único que podemos hacer es trabajar en materias primas, en la primera parte de la economía. Por donde vamos, vamos bien”.

¿Qué tanto se innova en Bogotá?

Fue otra de las preguntas que generó gran debate: Agustín Vélez, por ejemplo, respondió que “en general yo me atrevería a pensar que la innovación es muy poca, por ejemplo, Colombia y México son de los países más atrasados en este campo como consecuencia del entorno”.

Pero Daniel de la Cuesta, rápidamente cambió el rumbo de la discusión poniendo sobre la mesa un aspecto relevante al hablar de innovación: “Lo primero que tenemos que hacer es definir la innovación porque la innovación es una cosa muy amplia”. Y dio en el clavo. Habló de la innovación en el sentido de  si “cada vez que nos abrimos hacia los mercados y logramos sobrevivir significa que estamos haciendo algo que está cambiando nuestro día a día”.  Pero si se ve desde el punto de vista como algo nuevo que crea valor “definitivamente Bogotá y Colombia como tal, podría llegar a ser una ciudad innovadora, tal vez no la más innovadora –la más innovadora es Medellín, ¿no?- pero creería que sí, todo dependerá de la definición que le demos a la innovación”.

Víctor Duque le metió la teoría al asunto. Habló de cómo los teóricos de la innovación la dividen en dos categorías: evolutiva y disruptiva. “Cuando hablamos de una evolución disruptiva hablamos de un salto cuantitativo hacia adelante. Pero la innovación en general, en su gran mayoría, es apenas evolutiva. Lo importante es crear una cultura donde día a día haya campo a esas pequeñas innovaciones que van a dar campo a que hayan innovaciones disruptivas”.

Duque habló de proyectos que se han adelantado en la ciudad como los de Bogotá Innova, donde hay personas que no han tenido una formación especial pero que pasan por un proceso de inducción y empiezan a abrir los ojos, empiezan a ver toda la transformación que le pueden dar a sus pequeñas empresas, “es un asunto más de cultura”, remata. Enfatizó en que la innovación hace parte de un proceso y “si nosotros somos capaces de desarrollar la cultura que le de campo a las pequeñas y medianas empresas es posible que Bogotá llegue a tener una industria de innovación disruptiva en un periodo relativamente corto”.