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Andrés Schuschny y la “moralidad líquida” emprendedora: “Faltan vínculos más firmes y duraderos”

Este es otro de los artículos donde vuelvo a la primera persona porque la experiencia, me toca muy de cerca.

Desde un medio como PulsoSocial, que está inmerso y forma parte de la cultura emprendedora de la región, nos acercamos diariamente a emprendimientos que desaparecen de un día para otro sin dejar rastro, a inversores y aceleradoras que prometen desde la palabra más no desde los hechos, a “mentores” que coleccionan conferencias y presentaciones y hasta organizan cursos y capacitaciones, sin sustento real, sin credenciales válidas, sin resultados concretos. 

Todos estos personajes “pululan”: se les da lugar, forman sinergias, se cuelan en las redes de networking, entusiasman a jóvenes emprendedores y engañan hasta referentes e importantes figuras de la industria, todo ello en el marco de la mayor impunidad.

Encontrar el resonante y catártico post de Andrés Schuschny “La moral líquida” (un referente en el mundo de las ideas y  el emprendedorismo en Argentina y Chile; parte de su CV lo describe como Lic.en Física/PhD.Economía, profesor, blogger, conferencista y con presencia en la ONU) hace pensar que se ha encontrado con “algo” de lo anteriormente mencionado y su perspectiva de lo “líquido” para abordar el fenómeno, es ciertamente interesante.

Brevemente, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman define “lo líquido” como la retórica propia de la “Modernidad líquida” que nada tiene que ver con lo moderno en el sentido de la post-revolución industrial: la Modernidad Líquida se define por un contexto de época  donde lo frágil es la norma. Existe un gran escepticismo respecto de las instituciones clásicas y sus grandes discursos normativos (Iglesia, Estado, partidos políticos, escuela, etc) que da lugar a una individuo que recae en sí mismo como tabla de salvación, atemorizado por construir relaciones y vínculos duraderos que en cambio pasan a ser fragmentados, transitorios, precarios, inestables, al servicio “del mejor postor del momento” con las nocivas consecuencias que eso pueda tener.

Schuschny traslada el concepto al ecosistema emprendedor tras comentar la desilusión e impotencia que genera trazar lazos que implican al menos tiempo (y quién sabe qué más) con gente que parece desbordar de virtudes y propuestas entusiastas y que eventualmente muestran lo superficial, oportunista y “líquido” de sus propuestas:

Clarisa Herrera Todo quien conoce esta comunidad ve esta situación: cantidad de oferta y emprendedor entusiasta y poca demanda y éxito ¿qué consecuencias trae? 

Andrés Schuschny Hay un universo de oportunidades increíble pero escasez de foco a la hora de rentabilidad. La zona gris es que muchos desarrollan actividades sin todavía tener un sustento real de lo que hacen, sin pisar firme. La sociedad no tiene la capacidad de absorber tanto emprendimiento y los fondos apuestan a varios sabiendo que sólo uno o dos tengan éxito. Hay mucho riesgo e inseguridad. Los jóvenes son entusiastas por naturaleza y a veces están en esta zona gris que es habitada por un montón de gente “con las atentas paradas” esperando a ver qué se puede hacer.

CH ¿Qué relación hay entre emprender, lo “líquido” y el éxito? 

AS Hay tantas posibilidades de generar oferta a medida de la necesidad del momento que eso genera vínculos líquidos o débiles: “estoy en contacto con esta persona por si tal cosa pero no le doy toda la atención o esfuerzo” y así con un montón de gente. Habría que generar emprendimientos más gelatinosos que líquidos, que haya un vínculo un poco más poderoso entre la gente que interactúa. Cuanto más se estrechan los vínculos, más posibilidad de generar algo real hay.

CH ¿Hay algún factor contextual que impulse esta “liquidez” a nivel local?

Andrés Schuschny

AS Los fracasos en LatAm aún no se capitalizan, sólo los éxitos, la cultura del fracaso en US se valora mucho, por eso en la región es más feroz y hostil fracasar. Es un ecosistema adverso donde también hay mucho de pertenecer, de comunidad aspiracional, una cierta codicia de estar ahí. Se explotan múltiples posibilidades al mismo tiempo porque se quiere tener éxito a toda costa, se tiene miedo al fracaso, no está permitido.

CH ¿Te parece que hay alguna forma de normar estos vínculos líquidos? ¿Cómo evitar desilusionarse o ser engañado? 

AS Así como se normaron los derechos de propiedad con los Creative Commons y hay distintos de licencia, hay que buscar una forma de normar, esto en el sentido de buscar distintos tipos de asociación, aunque sea en término de lenguaje: declaraciones, distinciones, proclamas, promesas de acción, qué tiempo se le dedicará y qué se espera en cuánto tiempo, una especie de template de cómo hacer acuerdos líquidos. Debe quedar claro que “si sale algo, te corresponde tal cosa”, un acuerdo relativamente explícito. Hay mucho de “hagamos esto, hagamos el otro” pero cuando llega la hora de la verdad, de repartir porcentajes, de distribuir dinero vienen los problemas, de eso no se habla. Hay muchos nodos de oportunidad que se van abriendo y quedan ahí, sin concretar.

CH ¿Qué tiene para aportar el mundo de lo coloborativo, lo asociativo en contraposición al mundo empresarial, del éxito y la productividad? 

AS Hay un mundo más del éxito, del triunfo y hay un mundo más verde, más open source, colaborativo, como que lo común es la solución a muchos problemas. Este último es muy lindo en la teoría pero a veces no obtiene lo resultados que se buscan, es más teórico. El más yuppie o ligado al éxito es más efectivo y productivo, que busca el resultado. El otro mundo puede aparece a veces como “charlatán”, como utópico. Yo justamente lo que siento es que hay que formar una síntesis que tome la efectividad del mundo del éxito y los valores del otro, del más colectivo. Esta síntesis no está, el contexto es bastante desfavorable y creo que son los grandes emprendedores, los exitosos, los que tienen que ser el faro que ilumine para que lado va la cosa.