
Jóse Martín
La conferencia magistral más esperada de la primera edición del Boya.ca Campus Party llenó las expectativas. Con un nutrido escenario que estuvo atento durante toda la charla, el presidente y director ejecutivo de Linux y promotor del software libre en el mundo, Jon “Maddog” Hall, dejó las cosas claras desde el principio: “La creación del software libre es como cualquier otro negocio, debes conocer quiénes son tus clientes y ser un buen negociante”.
Cuando se habla de software libre las personas piensan que es simplemente software gratis, pero de lo que realmente hablamos, dice Hall, es de cambiar la capacidad del software para los clientes.
Pero, ¿acaso es necesario ir a la universidad para desarrollar software libre? No. Con ejemplos de personas que nunca estudiaron formalmente para desarrollar software libre, Hall intenta decirnos que son personas que nos son muy distintas de nosotros “pero aprendieron a nunca decir la palabra imposible”.
Un ejemplo para destacar es el de Marcelo Balisteri, que vive en una favela de Rio de Janeiro. No tenía recursos para comprar una computadora, así que decidió reciclar un computador. Hoy ofrece Internet gratis con un equipo de 6 personas para que la comunidad de las favelas pueda impulsar sus negocios. “Los niños antes hablaban de drogas y armas, ahora hablan de Internet”.
En la analogía de que crear software libre es como cualquier otro negocio, Hall se asegura de que lo entendamos: “Hay que saber cuál es tu mercado y qué problema estás tratando de solucionar. Tienes que saber cuál es el valor agregado que le ofreces al cliente. Quién es tu competencia y cuánto cobraría, hay que tener un verdadero plan de negocio, un plan de marketing para decirle al cliente qué estás haciendo por él, un plan de negocios y un plan de salida por si eres exitoso a los 35 años y tienes que vender la compañía”.
¿Por qué las personas escriben software libre?, se pregunta. Lo hacen porque tienen una intención en el tema. Vender software es difícil, hay que manternerlo, hablar sobre él y apoyarlo, “los doctores, físicos, químicos no conocen eso pero lo necesitan para sus proyectos”.
¿Por qué le pagan a la gente para que escriba software libre? ¿Por qué no esperar a que aparezca en la Red y bajarlo? “Los negociantes no puede esperar a que eso pase porque el tiempo es dinero”, sentencia Hall.
Explica que hay 1500 millones de computadores en el mundo y si cada uno representa cinco pesos al día porque un software se daña o no hace lo que debería hacer, se están perdiendo 75 mil millones de pesos al día. Por eso insiste en que “tenemos que hacer que el software se acerque más a las necesidades. A las compañías les encanta el software propietario, como Microsoft, solo tienen que contratar a unos cuantos ingenieros”.
Insiste en no ver al software como un producto: “La mayoría de personas no quiere un producto. el software no es un producto. No se exhibe la caja en la pared de tu sala”.
A Jon “Maddog” Hall no le gusta cocinar y mucho menos lavar platos. Él va a un restaurante para tener ese servicio y cuando se va alguien más lava los platos. De esa forma explica que “el software tiene que hacer lo que la gente quiere para que ellos no tengan que hacer nada más”. Por eso es que no se crea un producto, sino que se arregla algo. Y utiliza otra analogía: “Cuando el neurocirujano te opera no vas a quedar con dos cerebros, soluciona un problema. Buscas al mejor cirujano porque el cerebro es muy importante para ti. Los abogados no producen nada pero se les paga mucho dinero porque nos sacan de problemas y se les paga por lo que saben hacer”.
Frente a los trabajos que puede hacer quien desarrolla software propietario -programador, analista, administrador de sistemas, enseñar a las personas cómo utilizar el software en las universidades, como consultor, etc.-, dice que también se pueden hacer con el software libre: “La diferencia es que cuando creas software libre no tienes que andar mandándole dinero a compañías como Microsoft”.
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