“Que la fuerza esté contigo” u 8 lecciones de Judo para emprendedores indecisos

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Si buscamos la definición de Judo en la Real Academia Española encontramos lo siguiente:

“Sistema japonés de lucha, que hoy se practica también como deporte, y que tiene por objeto principal defenderse sin armas mediante llaves y movimientos aplicados con destreza”

Quizás la pregunta sea qué tiene que ver éste deporte con los emprendedores. En realidad, Mucho.

Ayer hablábamos de momentos de incertidumbre, de cómo emprender en los contextos de incertidumbre, de crisis mundial y de falta de inversión. El Judo se puede aplicar con mucha precisión al Management del siglo XXI: “Como el profesor David Yoffie, de Harvard, pone de manifiesto en su excelente libro “Judo Strategy” un combate de Judo es como una partida de ajedrez a ultravelocidad, con su dosis de estrategia e incertidumbre, sus tanteos al adversario para calibrar sus fortalezas y debilidades, y la permanente búsqueda de perímetros competitivos seguros y posiciones de equilibrio y desequilibrio. El judoka se centra en sus capacidades (tokoi-waza), se abstrae del entorno, y desciende bajo el centro de gravedad de su oponente para derribarlo” comenta Xavier Ferràs, Director, Business Innovation Centre, ACCIO

Si todo cambia, la tecnología se renueva constantemente, el target está en constante movimiento, los mercados se fragmentan el éxito se vincula con las capacidades internas de las personas. Si la planificación se vuelve imposible y el entorno es pura emergencia aleatoria, la opción es, al modo Zen, desvincularse del entorno: “Hay que buscar la excelencia en aquello que nos haga únicos. Detectar, potenciar y desplegar recursos estratégicos por su exclusividad y dificultad de imitación (core comptences). Hay intentar desarrollar nuevos mercados a partir de ellos” comenta.

¿Qué puede aprender el emprendedor del éste deporte milenario para tener éxito en contextos inciertos?

Ferràs describe:

  1. Ejecutar y aprender al mismo tiempo. La estrategia, como la ingeniería en su momento, se vuelve concurrente: hay que diseñarla, formularla, formalizarla y corregirla al mismo tiempo. Fortalecer y crear nuevas capacidades a la vez que se desarrollan mercados. Los planes de empresa de futuro serán planes para aprender, no planes para ejecutar una estrategia predefinida.
  2. Velocidad y flexibilidad operativa. En la medida en que el entorno es fluctuante, y que deberemos pivotar sobre nuestras competencias esenciales, será necesario construir organizaciones rápidas, adaptativas, flexibles, reconfigurables, sensibles a los cambios externos, y de respuesta ultra-rápida.
  3. Jamás oponerse a fuerzas superiores: la mejor manera de competir es no competir. Flanquear las fuerzas que se te oponen. Diferenciarse. Buscar espacios únicos, generar nuevas propuestas de valor, sin competencia.
  4. Aprovechar la inercia de los competidores para derribarlos. Especialmente, cuando compitamos con rivales de mayor dimensión y fortaleza, cabe destacar que éstos suelen ser más lentos. La distancia entre las señales del entorno (tecnológico y de mercado) y los centros de decisión es mayor. Las capas de control, más espesas. La burocracia y la rutina, más profunda.
  5. Tantear el mercado. Realizar pequeñas expediciones controladas al mercado (marketing expedicionario). Pulsar las fuerzas de la competencia. Aprender rápido, procesar la información, y repetir en un segundo bucle. Prototipar y simular. Ante mercados inciertos, fluir: mejor actuar para pensar que pensar para actuar.
  6. Utilizar la mejora continua y el aprendizaje permanente. Buscar la perfección en cada pequeño acto de la vida cotidiana. En cada proceso, en cada rutina, utilizando cada empleado y cada humilde operario.
  7. Emergencia de la Dirección por Valores. Cuando la estrategia se vuelve introspectiva, la propia trayectoria profesional se desestabiliza y la toma de decisiones se vuelve extremadamente compleja. Para ello, es útil construir un marco de referencia en torno a una serie de valores: cortesía, coraje, sinceridad, honor, modestia, respeto, autocontrol y entrega. Las decisiones que tomemos tendrán solidez moral si respetamos este código ético.
  8. Espíritu deportivo. Voluntad de auto-superación. Asunción de riesgos y lanzamiento de retos corporativos. Competir en el mercado es una actividad noble, tanto como la competición deportiva.

Acerca del autor

Clarisa Herrera

Clarisa Herrera Lafaille
Licenciada en Comunicación Social. Periodista especializada en marketing, tecnología y analista de medios. Docente de Periodismo y Comunicación. Investigadora de tendencias, hábitos y comportamientos sociales aplicados a negocios. Bailo Jazz. En Twitter: @theguapa