Sin manual de autoyuda: ¿por qué los emprendedores no pueden sentirse completamente felices?

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Releyendo algunos apuntes y libros sobre la “economía de la felicidad” –concepto tan en boga últimamente- volví a mirar en detenimiento lo que dice la ya célebre aunque cuestionada Paradoja de Easterlin, economista que –para el que desconozca- publicó un famoso artículo en 1974 Does Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence donde teoriza lo siguiente: si bien se da por sentado que el dinero otorga más felicidad, eso sólo ocurre hasta cierto punto, pasado el cuál, no importa cuánto dinero más se tenga, los niveles de felicidad se muestran estables.

La paradoja de Easterlin se basa principalmente en series de tiempo de felicidad consideradas en el largo plazo, es decir unos 10 años. En el corto plazo, la cuestión parece ser diferente y segmentada y esto coincide con el hecho de que el estudio se centró en su momento en US, Europa, Japón y un núcleo de países desarrollados.

De acuerdo con éste artículo de 2010 The happiness–income paradox revisited, Easterlin revisa sus propios conceptos, el autor suma 17 países latinoamericanos, 17 países desarrollados, y 11 países de Europa del Este. ¿El resultado? En los países en vías de desarrollo un aumento de los ingresos promedios sí correlaciona con un aumento en la felicidad declarada (en períodos breves, no necesariamente en el largo plazo).

Así, en el corto plazo, la felicidad y los ingresos sí están positivamente relacionados, sobre todo en el caso de países como los latinoamericanos, pero en el largo plazo –más de de 10 años- la relación es casi nula, su percepción subjetiva tiende a cero o bien se percibe como infelicidad o descontento, aún en países en vías de desarrollo como LatAm.

Pero también nos podemos cuestionar qué entendemos por felicidad. Si miramos The Happy Planet Index (HPI) se trata de un índice que mide felicidad en términos de sustentabilidad y calidad de vida de las personas, incluyendo datos como esperanza de vida, bienestar y huella de carbono a lo largo de 151 países del mundo:

En el ranking HPI 2012, al menos 7 países latinoamericanos encabezan en el ranking, poniendo en tela de juicio los propios conceptos subjetivos sobre lo que significa ser feliz.

Emprender, ser feliz y evitar la autoayuda

Pero si hablamos sobre felicidad e ingresos, los emprendedores, por el propio estilo de vida que eligen transitar, observan la felicidad con un prisma determinado. Siendo latinoamericanos, podemos agregar de acuerdo a lo que venimos diciendo nuestra felicidad es al menos, reinterpretada desde varios puntos de vista.

Jess Lee, co-founder y CEO de la plataforma de social commerce Polyvore tiene una interesante teoría sobre por qué los founders son por lo general infelices y sus argumentos, se parecen mucho a los que sustentan la paradoja de Easterlin en su versión original.

En su blog cuenta cómo la actividad de emprender es absolutamente estresante: “tengo un startup que funciona fabulosamente y aún así estoy estresada y angustiada” comenta.

Lee observa que la trayectoria de una startup exitosa tiene éste recorrido, con altos y bajos a lo largo del camino (aumentan o caen clientes, falta presupuesto, se cae o se recibe inversión, se despide o se suma personal, etc).

Sin embargo, lo que ocurre según Lee, es que B debería ser un lugar de alegría y reconocimiento, cuestión que no acontece.

Lee explica que los humanos son terriblemente malos cuando se trata de entender términos absolutos pero sí comprendiendo conceptos como aceleración-desaceleración o tasa de cambio, por ello su teoría es que la felicidad del emprendedor está atada a la tasa de aceleración del éxito de su startup:

Si bien el punto B ha recorrido un camino más exitoso que A, ha sufrido una desaceleración lógica respecto del primer momento, ¿qué ocurre? el emprendedor es más feliz cuando su proyecto crece aceleradamente, si crece pero a un ritmo menor, la felicidad es menor o se traduce en infelicidad, produciendo muchos de los sentimientos contradictorios que tienen quienes emprenden a pesar de estar creciendo. 

Yo agregaría que no es cuestión de vaciar la estantería de autoayuda de la librería más cercana sino de estudiar los propios conceptos, supuestos o subjetividades con los que miramos las cosas. Y que el árbol no tape el bosque.

¿Te sientes identificado? A no decaer, la mismísima Lee deja unos buenos consejos para recuperar la felicidad cuando el síndrome de desaceleración se adueña de tu vida.

Acerca del autor

Clarisa Herrera

Clarisa Herrera Lafaille
Licenciada en Comunicación Social. Periodista especializada en marketing, tecnología y analista de medios. Docente de Periodismo y Comunicación. Investigadora de tendencias, hábitos y comportamientos sociales aplicados a negocios. Bailo Jazz. En Twitter: @theguapa