Pregunta shakespeareana: ¿ir con una aceleradora o hacerlo solo?

startups

Las conocidas  Dropbox y Airbnb transitaron dentro de una aceleradora de empresas startups. El modelo  que está en auge desde que hace 7 años Y Combinator se convirtiera en el referente mundial de esta clase de empresas, a través de las cuales se busca generar relaciones gana-gana, con lucro para los inversionistas así como para quienes quieren empezar una empresa y tienen las ideas, el talento y las ganas pero no cuentan con los medios económicos y con el bagaje de conocimientos requerido para lograrlo en poco tiempo.

Aunque en realidad el modelo de la financiación y de la búsqueda de capital de inversionistas  para empezar una empresa es bastante antiguo y está presente en muchas áreas de negocios, ha cobrado  todo su vigor en el mundo actual a partir de la explosión de empresas de base tecnológica, de rápido crecimiento, que por sus  características pueden llegar a propagarse muy rápidamente, como si de  una especie alienígena se tratara: las famosas startups de las que en todo  momento escuchamos hablar. Algo así como la primera infancia de una  empresa tecnológica.

El modelo Y Combinator ha sido replicado (de la misma forma en que se replica o clona cualquier producto en la era digital) y a toda Latinoamérica han llegado los grandes proyectos de aceleradoras del  mundo: Wayra, Endeavor, Founder Institute, MIT y 500 startups, por citar solo algunas de las más reconocidas. Con su llegada se ha empezado a estructurar un ecosistema de emprendedores que a su vez contagian de las ganas de crear empresas y desarrollar productos digitales a sus cercanos.

Sin embargo todavía hay quienes son capaces de, o deciden abrir su empresa digital sin valerse del apoyo de mentores o inversionistas ¿cuáles son las ventajas y desventajas de cada uno de los modelos? Para contestar a esta pregunta los testimonios de dos emprendedores que han seguido cada uno de los modelos y que en un pequeño panel en Campus Party contaron sobre su experiencia a los asistentes.

Johel Cohen, Fundador de Cuponidad

En cuponidad lo que hicimos fue tomar una idea exitosa en otro país y copiarla.  No tuvimos  ninguna clase de apoyo de capital de inversión o asesoría. Creo que una de las ventajas de este modelo es poder ir muy tranquilo, sin tener deudas, por ejemplo. Pero en todo caso eso representa un enorme reto porque invertimos todo el dinero que teníamos, hasta el último peso y cuando no hay un respaldo el riesgo es enorme. En nuestro caso particular a un par de días de salir con Cuponidad nos enteramos de la llegada de Groupon a Colombia. Estas son situaciones que cuando no se cuenta con asesoría pueden resultar duras de sobrellevar.

Otro problema grande al que se enfrentan las empresas sin financiación es el de no tener un gran nombre detrás como apoyo, llegar a las empresas a vender un producto sin que se genere mucha confianza porque no perciben un respaldo sólido. Entonces ese fue un reto muy grande para nosotros, que sin embargo logramos superar con éxito. En todo caso no me cabe duda de que con un buen nombre como respaldo las cosas quizás habrían sido más fáciles.

Por último está el hecho de no tener una red de contactos, que es una de las principales ventajas de estar en una aceleradora, pues cuando uno llega allí los contactos vienen by default. Tener acceso a toda esa cantidad de personas que saben de negocios y que a su vez tienen muchos contactos es uno de los mayores valores de estar dentro de una aceleradora. También tener acceso a toda la formación en asuntos de negocios, en la terminología misma, aprendizaje que por sí solo  va un poco más lento y se hace más difícil.

Sin embargo en Cuponidad, pese a que carecíamos de toda esta red y de cualquier asesoría posible logramos hacerlo, aunque en un proceso mucho más lento. Sin embargo el resultado nos gusta mucho.

Juan Martín Ciga, de FileCubed

Mi experiencia al estar en una aceleradora con mi proyecto ha sido muy enriquecedora. Primero que todo aconsejaría a quienes lo están pensando, a quienes quieren involucrarse en alguna convocatoria, que no piensen que con una simple idea en el papel ya podrán estar allí. Creo que antes de involucrarse en un proceso de estos es aconsejable ya tener conformado o identificado un equipo y tener una idea relativamente madura, con un prototipo. Luego hay qué preguntarse muy en serio por qué quiere que lo aceleren, qué clase de negocio quiere tener y por qué quiere tenerlo.

En mi opinión una de las mejores cosas de estar dentro de una aceleradora son las mentorías, este es uno de los factores que contribuyen a que todo el proceso sea mucho más rápido, aunque obviamente también hay mucha más presión. De esta presión se aprende también mucho: a pivotear tantas veces como sea necesario, a refinar el modelo de negocio muy rápidamente y a reaccionar a la presión del tiempo.

Sin embargo el mismo proceso puede implicar algunos cuestionamientos, pues uno está poniendo a juicio de muchas personas, con el título de expertos, sus ideas, casi que en borrador. Esto genera a veces una masa de opiniones encontradas que hacen que uno sobre analice lo que está haciendo y que patine mucho con la idea. Entonces lo que puede pasar es que por miedo a esos juicios uno pierda las ganas de estar ensayando más a menudo. También hay que aprender entonces a quien escuchar y a quien no, porque si se presta oídos a todo el mundo el proceso se va a hacer lento y habrá más presión. En síntesis no hay que dejarse confundir y mantenerse siempre firme, aunque atento  a las opiniones más valiosas para mejorar los productos. Mi consejo es que todo el que tenga un buen prototipo y un modelo de negocio definido debe involucrarse en un proceso con una aceleradora.

Tras un poco más de dos meses de empezar a conocer este agitado mundo del emprendimiento tecnológico mi opinión es que las aceleradoras, a más de ser lugares en los que las personas  están recibiendo capital y formación como empresarios, son verdaderos laboratorios de ideas, en los que los involucrados están solucionando problemas todo el tiempo, no solo del orden estrictamente técnico:  tienen que poner a prueba sus habilidades en muchas áreas, hacer relaciones públicas, conseguir clientes, implementar mejoras, aumentar el número de usuarios, asistir a eventos y un sin fin de actividades que hacen de la cultura startup un medio en el que todo el que pueda debe involucrarse, pues se aprende haciendo.

Un medio que conjuga lo mejor de la academia y lo mejor del mundo de los negocios, que ha conseguido ese nexo que   la academia no ha podido lograr: el de conectar a las mentes  con las mejores ideas, con quienes tienen todo el talento y el olfato para desarrollar negocios y hacerlos crecer. Un lugar en el que se junta lo mejor de dos mundos.

Esta simbiosis, que es el corazón mismo de la cultura startup,  ha hecho posible, después de muchos siglos de intentarlo en occidente, la unión y el trabajo hombro a hombro de los creadores y de quienes  saben hacer negocios. Una gran alianza que encuentra su materialización en las aceleradoras de startups y que en el momento actual, en el que se siente la ebullición de toda esta cultura en América Latina, es un espacio que hay que ocupar, pues allí se están gestando y desarrollando las mejores ideas del continente.

Acerca del autor

Aleyda Rodriguez

De profesión filósofa. Editora y redactora de contenidos para la Red. Ha trabajado para diversas marcas del entorno tecnológico, publicitario y de PR que operan en Colombia. Aprendiendo a usar sus gadgets para producir y reproducir conocimiento en Internet.