La cultura del smartphone: ¿una cultura de la distracción?

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Mientras escribo esta nota he revisado un par de veces mis tres cuentas de correo electrónico, he leído varias noticias en twitter y comentado por este mismo medio algunas de las novedades del día en el país. ¿Estoy distraída? ¿cómo afecta esto mis rutinas diarias?

Recientemente Joe Kraus, partner en Google Ventures, fundador de varias empresas de Internet desde 1993 e inversionista en Linkedin, Aardvark, Kongregate y OpenCandy ha publicado en su blog  una sugestiva entrada llamada “We’re creating a culture of distraction”.

En el espíritu del movimiento slow technology, que aboga por disminuir nuestros niveles actuales de conexión y de interacción a través de los medios sociales,  teléfonos celulares  y computadores, Kraus ha centrado su exposición en el argumento de que estamos creando una cultura de la distracción propiciada por el uso cada vez más intensivo de nuestros gadgets para llenar nuestros tiempos muertos: estamos creando una cultura que huye del aburrimiento y en la que no dejamos espacio a la creatividad y al pensamiento a largo plazo.

La exposición de Joe empieza con la pregunta acerca de qué tan sana es la relación que tenemos con nuestro celular. De acuerdo con algunos datos proporcionados en su charla el 35% de las personas chequea el correo antes de salir de la cama. Antes de la aparición de los smartphones las personas revisaban  en promedio su correo unas 5 veces al día mientras que en la actualidad esta suma asciende a 27 revisiones diarias. En promedio un adolescente (¿norteamericano?) recibe y envía un total de 4 mil mensajes de texto por mes.

La consecuencia, según sus palabras, es que andamos muy distraídos y esta es una condición que tiende a empeorar: la gente en la actualidad se siente ansiosa cuando sus cerebros no están siendo estimulados.

¿Qué es lo que estamos dejando en el camino con estos nuevos hábitos? la capacidad de introspección, de contemplación, de soledad,de involucramiento con el pensamiento a largo plazo, estamos disminuyendo nuestra capacidad creativa y sobre todo estamos creando alteraciones en nuestra forma normal de interacción con las personas al priorizar la información que vemos en nuestros aparatos antes que la atención a las personas que tenemos justo enfrente.

La propuesta de Joe no es abandonar del todo nuestra interacción a través de gadgets pero sí limitarla: necesitamos crear balance, no ceder a toda la distracción a la que nos vemos enfrentados a diario por la naturaleza de los aparatos con los que llevamos nuestra vida diaria. Es necesario reconocer el valor de los tiempos muertos para pensar: debemos buscar un equilibrio.

Aunque la propuesta de Joe suena bastante lógica y quisiera estar de acuerdo en todas sus observaciones, creo que hace falta ahondar más en el asunto (incluso con evidencia científica) y ser también más balanceado al momento de reconocer las virtudes de un entorno tecnológico que es una realidad sin freno.  

Creo que hay buenos argumentos para apoyar su idea de reivindicar los tiempos muertos y el aburrimiento como condición para crear: no olvidemos que fue precisamente en un entorno aburrido y desprovisto de casi cualquier distracción (un pueblo de pastores en una costa árida) en donde la gente tenía mucho tiempo para pensar y observar que surgió la filosofía. Pero esta surgió también del diálogo y el intercambio de ideas con otros.

No perdamos entonces de vista  que gracias  a la interconexión que ha propiciado un aumento significativo en el número de relaciones que podemos mantener es que asistimos a la revolución tecnológica más importante de los últimos siglos. Una revolución de la que hemos participado todos como bien anotara Vint Cerf  en The Internet’s profound impact on the way we live:  

In a very short period of time the Internet has had a profound impact on the way we live. I have no doubt that its social repercussions will take decades to be fully understood, but it has already produced much benefit to the world. It has provided access to information on a scale never before achievable. It has lowered the barriers to creative expression. It has challenged old business models and enabled new ones. It has lowered the financial and environmental costs of communication.

Creo además que puede objetarse la concepción de Kraus acerca de  los que significa la interacción con otros:

  1. ¿Acaso no son seres humanos también esos con los que interactuamos a través de nuestros dispositivos?
  2. ¿En virtud de qué criterios deberemos priorizar nuestra interacción con nuestros conocidos online y offline ?
  3. ¿No es natural querer distraerse cuando lo que tenemos en 3D nos resulta aburrido?
  4. ¿Aburrirse y buscar desaburrirse no es un ciclo qué hemos repetido muchas veces en nuestras vidas?
  5. ¿No ha contribuido la interconexión a través de los aparatos  a fortalecer comunidades académicas, laborales y abierto espacios de negocios que permiten que las cosas sucedan mucho más rápido?
  6. ¿No se crean vínculos humanos desde allí?

Y podría continuar con una larga lista de objeciones.

El debate siempre permanecerá abierto y encontraremos siempre extremistas capaces de afirmar, tal y como lo leí hace algunos días, que  Facebook es “responsable” del incremento de divorcios en el mundo, como si las fallas y carencias humanas hubiesen aparecido como una consecuencia nefasta de  la explosión en el uso de las redes sociales. Tanto como decir que el dolor de estómago es culpa de las manzanas.

Total, estoy de acuerdo pero no estoy de acuerdo con Joe. Para el cierre de esta entrada me despido con la inscripción oracular que sabiamente reza “nada en exceso. Parece una buena fórmula para casi cualquier cosa en la vida.

Dejo el vídeo de la presentación de Joe para quienes quieran escucharlo:


Acerca del autor

Aleyda Rodriguez

De profesión filósofa. Editora y redactora de contenidos para la Red. Ha trabajado para diversas marcas del entorno tecnológico, publicitario y de PR que operan en Colombia. Aprendiendo a usar sus gadgets para producir y reproducir conocimiento en Internet.