DMK: Depeche Mode con sello colombiano, un éxito en las redes sociales

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Dicken Schrader y sus pequeños hijos, Milah de 8 años y Korben de 5, forman un trío musical muy particular. Realizan covers de Depeche Mode con “instrumentos” que van desde una lata de soda, un rallador de queso, un teclado de juguete a un atomizador. Vaya, hasta aquí puede sonar un poco curioso y divertido -y lo son-, pero lo increíble, es la fama que Youtube y las redes sociales les han brindado.

Su repertorio, que incluye tres videos –Strangelove, Shake the disease y Everything counts-, ha tenido más de un millón y medio de reproducciones en total, y aunque estas producciones han estado disponibles desde mediados del año pasado, fue a principios del 2012 que lograron atraer la atención de periódicos, canales de noticias y de usuarios de redes como Twitter, Youtube y Facebook, en esta última, ya casi alcanzan los 5,000 fans.

Dicken, colombiano de nacimiento, estudió en Miami y trabajó algún tiempo en varios canales como MTV Latinoamérica como escritor y productor, y como director creativo y comercial para VH1, además su padre Christian Schrader, es reconocido en Colombia por su trayectoria en el mundo de la publicidad, por lo que la música, el talento y la creatividad no es algo ajeno en la familia Schrader.

Tuve la oportunidad de platicar con Dicken sobre los inicios de DMK, cómo surgió y cómo sus hijos formaron parte de este genial proyecto, y esto es lo que me comentó al respecto:

“Realmente DMK no fue creado, fue algo que ocurrió naturalmente. Nuestra casa es un ambiente muy musical y mis hijos crecieron escuchando de todo, incluyendo mucho Depeche Mode, mi banda favorita desde el bachillerato. Cuando me di cuenta, ellos ya estaban encima de nuestro teclado tratando de descifrar las melodías, de su propia iniciativa. Hubo un momento en 2010 en el que decidí hacer un cóver de “Shake the Disease” y quise integrarlos, a ellos les gustó tanto la experiencia que decidimos entre todos hacer un segundo video, “Strangelove,” en el cual ellos adoptan responsabilidades mucho más musicales. Finalmente vino “Everything Counts,” el video que ha tenido un gran boom en Internet. Pero el fin de hacer estas grabaciones fue siempre el de entretener a nuestra familia y amigos, nunca pensamos que se convertiría en algo tan masivo.”

De acuerdo a Dicken, sus hijos son los más entusiasmados con este asunto (la banda), y añadió:

“(…)Mis hijos aman la música y disfrutan mucho jugando con ella. Esta actividad no sólo les desarrolla sus talentos musicales sino que también los involucra a ambos en una misma actividad; les enseña a trabajar en equipo. Esta es una lección que espero les sirva mucho en la vida sin importar qué profesión quieran seguir, ya sea relacionada con la música o no.”

 Al preguntarle sobre si han tenido algún conflicto legal por el uso de canciones con derechos de autor, teniendo en cuenta las batallas que se están librando a nivel mundial precisamente en este tema (Megaupload, Cuevana, Grooveshark), respondió:

“No hemos tenido ningún problema porque nuestra actividad, hasta el momento, ha sido sin ánimo de lucro y solamente con fines artísticos. Sin embargo, aunque no seamos nosotros, alguien en este momento sí está haciendo lucro con nuestros videos. Lo sabemos porque al reproducirlos aparece sobre ellos una barrita de publicidad, la cual genera un ingreso basado en el número de hits que recibe cada video y le llega, a través de YouTube, a quien quiera que haya reclamado el copyright de esta obra intelectual, en este caso, seguramente, la disquera de Depeche Mode. Esta es otra razón por la cual no creemos que nos vayan a dar problemas. Les estamos haciendo dinero. Y como dice la letra de nuestro exitoso cóver, el cual está resultando exitoso para muchos, “the grabbing hands grab all they can…”

En esta plática de música, derechos de autor, es obvio que surgiera la pregunta sobre su postura respecto a los esquemas de distribución de las compañías disqueras y cuál podría ser el camino que deberían tomar para adaptarse a las necesidades de un mercado cada vez mas conectado y en contacto con la tecnología, Dicken afirmó:

“Considero que los esquemas no sólo deben cambiar, sino que ya están cambiando ante nuestros ojos. Esta es justamente la razón por la cual las disqueras, buscando proteger sus propiedades intelectuales, están declarando esta guerra abierta a semejante escala. Es lo que en Colombia llamamos pataleo de ahogado. Las compañías disqueras ya se están dando cuenta que pertenecen a un esquema obsoleto en el negocio de la música y que pronto van a desaparecer con él. En lo que ya se pueden llamar “los viejos tiempos”, los artistas necesitaban de una disquera para producir, manufacturar, distribuir y hacer mercadeo de su música. Lanzar un disco era un asunto complicado que requería de grandes cantidades de dinero, estudios de grabación muy costosos con tecnología inasequible para la persona común y corriente e infraestructuras de distribución física a nivel masivo.

Ahora cualquier persona puede grabar y mezclar un disco en su laptop, promocionarlo en YouTube, Facebook y Twitter y distribuirlo muy exitosamente a través de SoundCloud. Ya no necesitamos de disqueras y ellas lo saben. Por eso están desesperadas, tratando de frenar lo inevitable.

Desde mi punto de vista, la música le pertenece primero al artista y luego a su público. No es un producto que le pertenezca a ninguna compañía. En mi época de universitario en Miami trabajé varios meses en una tienda de música subsidiaria de una gran corporación. Ahí aprendí que el CD que vendían por 18 dólares lo compraban por 4, y que de esos 4, 3 y medio eran para la disquera. Es decir que cuando uno compraba un disco de Radiohead en una tienda, de los 18 dólares que uno gastaba, a Radiohead le llegaban 50 centavos. Eso siempre me pareció absurdo. Hasta que un día en 2007 Radiohead, una banda totalmente progresiva, sacó a la disquera de la ecuación al lanzar “In Rainbows” en formato de descarga digital y le pidió a sus fans que pagaran online por él lo que quisieran. Seguramente muchos, casi todos, pagaron más de 50 centavos. Personalmente, yo quise pagar 20 dólares por ese disco porque supe que era la primera vez en la cual toda mi plata le estaba llegando directamente al artista. Creo que este es el formato del futuro.”

Para concluir nuestra charla, le pedí a Dicken que me contara su mejor experiencia siendo parte de DMK y qué consejo podría darle a todos aquellos creativos que desean usar las redes sociales para darse a conocer.

“Lo único que puedo decir, y espero les sirva de algo, es que llevaba casi 20 años de carrera profesional y artística tratando de hacer algo en grande, de ser reconocido por mi trabajo. Cada proyecto que emprendía me decía a mí mismo “este fue.” Pero ninguno fue, hasta el día que hice algo cuyo fin fue el de simplemente divertirme con mis hijos, sin ningún tipo de expectativa.

Creo que las ideas más exitosas son las que resultan de un intento honesto por hacer algo que le guste a la gente, no por esperar un gran resultado. Es por eso que, en mi experiencia propia, los premios en la publicidad nunca se los llevan las agencias que trabajan por el premio.”

Así que si disfrutan algo realmente, esa pasión les puede retribuir más de lo que imaginan, y la tecnología puede hacer que lleguen a lugares que nunca pensaron.

Photographies by:  Ricardo José León Jatem for Yositomofoto.