Emprendimiento social ¿una deuda en América Latina?

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Poco tiempo atrás, contábamos del éxito de Aula 365, la red social argentina de contenido educativo orientada a niños en edad escolar y también de la campaña “Dominemos la tecnología”, pensada para mapear online la violencia de género. En ambas oportunidades resaltábamos de la importancia de contar con la tecnología como vehículo para resolver o encaminar determinadas causas sociales y comunitarias, y aprovechar así su capacidad amplificadora.

¿Pero qué ocurre con el emprendimiento social a nivel regional? Pareciera que aún está lejos de alcanzar todo su potencial en América Latina y el panorama se complejiza aún más si lo llevamos al terreno online. Sin embargo, no siempre esta ausencia tiene que ver con aspectos económicos, también, con desconocimiento.

Ciertamente hay una brecha digital muy amplia aún en la región, además de un desconocimiento diría, generalizado, sobre los usos múltiples que se le pueden dar a las distintas herramientas tecnológicas en relación con lo social” afirma Fernando Legrand, blogger especializado en Responsabilidad Social Empresarial.

De los contados proyectos sociales online de la región, Legrand destaca el proyecto argentino YerBus, que ganó en 2010 la iniciativa mundial Random Hacks of Kindness en su primera edición argentina: “No sé si fue exitoso y dudo si realmente lograron conseguir escalabilidad y el apoyo que necesitaba pero la idea era realmente buena” señala.  Se trataba en efecto de una plataforma que empleaba todo el potencial de las redes sociales como medio para promover la solidaridad, además de facilitar las donaciones y dotarlas de un marco de transparencia.

Consultado por Pulso Social, Legrand destaca algunos iniciativas sociales latinoamericanos: aún por lanzarse pero con buena acogida inicial en la comunidad emprendedora chilena,  el proyecto de ese país SmartSightse trata de una aplicación para smartphones que reconoce el texto y lo traspasa a voz, usando la cámara del equipo y acceso a Internet. Su diseño está pensado para personas con discapacidades visuales, con el fácil acceso como prioridad” indica.

Además, entre los ganadores de la Quinta Convocatoria de MoviStar Innova de diciembre pasado, Legrand puntualiza que algunos proyectos seleccionados son interesantes startups latinoamericanos vinculados a la acción social o comunitaria.

Dentro de la categoría Incubación, Agent Piggy (Argentina/Ecuador, lanzado oficialmente durante enero en Latinoamérica) se basa en concepto de “mesada infantil” y se trata de una plataforma para enseñar finanzas a niño, con un plan pedagógico incorporado diseñado con ayuda de fundaciones internacionales. En la categoría Acleración por su parte, eHealth Systems ideó MiDoctor con el objetivo de controlar enfermos crónicos a través del envío de SMS y llamadas automatizadas para planificar el control y seguimiento de sus pacientes.

Frente a este escueto panorama, ¿cómo puede entonces la región lograr saltear los obstáculos que la alejan del emprendedorismo social? Por una parte, para Legrand, el factor contextual no es menor: “El emprendedor social parte de por sí con escasos recursos que debe abocar a su proyecto y a la resolución del problema que se plantea como core de su negocio, por tanto, lo tecnológico puede quedar muchas veces relegados en función de otras prioridades” comenta.

Pero también, muchos emprendimientos, a la hora de abordar estos temas, ingresan por el lado equivocado: “quieren construir o diseñar un entorno tecnológico que en una gran mayoría de los casos ya existe o que puede ser adaptable, ese puede ser un punto de partida” concluye.

Acerca del autor

Clarisa Herrera

Clarisa Herrera Lafaille
Licenciada en Comunicación Social. Periodista especializada en marketing, tecnología y analista de medios. Docente de Periodismo y Comunicación. Investigadora de tendencias, hábitos y comportamientos sociales aplicados a negocios. Bailo Jazz. En Twitter: @theguapa