Integración de Outlook & Facebook: ¿quién gana, quién pierde?

Que el cliente de correo y noticias preferido por empresas y organizaciones haya decidido integrar en sus funciones al servicio de red social más grande del mundo, significa algo más que  el avance en la programación y enlace de protocolos distintos. Me atrevo a decir que es el reconocimiento formal del nuevo tiempo que vivimos.

Sistemáticamente las herramientas de Social Media han sido prohibidas en los entornos empresariales, y no ha sido menor la cantidad de dinero invertida por jefes de recursos humanos y gerentes para bloquear el acceso a las plataformas. El eslogan parecía ser: Outlook sí, Facebook no o dicho de mejor forma: Correo sí, Social Media no.

Pero los tiempos que vivimos son demasiado líquidos, disruptivos, individuales y masivos como para pensar que el empleado que ya no podía conectarse a Facebook mediante la computadora de la oficina, iba a dejar de hacerlo a través de su smartphone durante sus horas de trabajo.

De la misma manera, los tiempos que vivimos son demasiado colaborativos, referenciales y nodulares para pensar que esas mismas organizaciones que exigen a sus empleados apartarse del Social Media, estén igual de dispuestas a perderse oportunidades para mencionar su marca,  ganar consumidores y optimizar recursos.  Las empresas  de productos y servicios buscan integrarse cada vez más, en distintos estados y fases.

Como bien lo dice Roberto Igarza, en su libro Burbujas de Ocio , las nueva forma de trabajar en la cultura urbana y de la movilidad, es en plena tensión entre el ocio y la producción, entre lo conversacional  y el justificable recelo de muchas empresas al manejo de sus datos.

Quien crea que este es el gran triunfo del individuo sobre las estructuras organizacionales se equivoca, porque la misma integración de los servicios de correo y redes sociales, conlleva la integración de mensajes, contenidos y gestos de los usuarios. La vida privada y pública tiene fronteras cada vez más borrosas, los tiempos de trabajo y de descanso se cruzan cada vez más.

Recuerdo cómo un viejo amigo publicó el día a día de su novela laboral sobre su supuesto cambio de puesto de Buenos Aires a Sao Paulo en Facebook,  traslado que inexplicablemente terminó frustrado. Luego de varios meses el brillante colaborador cayó en cuenta el error que algunos de sus amigos habíamos ya previsto: Su jefe interpretó como una presión indirecta las continuas publicaciones, lo cual le pareció impertinente y  contrario al perfil que buscaba para su empresa.

Así 12 años de trabajo se echaron a perder porque aquel que en la mañana guardaba sus formas  para hablar con sus jefes acerca del cargo, posteaba en las noches muy coloquialmente que la incertidumbre lo tenía muy aburrido.

Otros casos como el de Octavia Nasr, que fue despedida de la CNN por enviar desde su twitter un mensaje de condolencia por la muerte de  Mohammad Hussein Fadlallah, seguirán siendo discutidos ampliamente, preguntándonos cuál es la nueva línea de la libertad de expresión, libertad de conciencia y ejercicio profesional. Algo cada vez más difícil de definir en estos tiempos disruptivos, de trabajo continuo y ocio ininterrumpido.

Por otro lado, un porcentaje considerable de empresas considera al social media como el factor que transformará el reclutamiento de personal, la gestión del conocimiento y los procesos de ventas en las empresas.

¿Quién gana y quien pierde con todo esto? ¿Pierde la empresa al permitir que el empleado use su red social personal en horas de trabajo? o por el contrario es el empleado usuario que debe actuar siempre consciente que los ojos del mundo (su mundo) se posan sobre él…

Entonces cómo se está construyendo la cotidianidad de la vida laboral en franca apertura al Social Media?  En un difícil y tenso equilibrio. Mientras la empresa se enfocará hacia la cultura de la confianza como principal valor a conseguir en sus colaboradores, del otro lado está  el control social todos los ojos que leen, interpretan y opinan sobre aquello que cada uno de nosotros decidió darle click a publicar.

Acerca del autor

Maca Lara-Dillon

Co-founder & Chief Editor of PulsoSocial. Journalist and Researcher. She also worked for TV, Documentary Films and NGO´s in Ecuador and Argentina. You can follow her in Twitter on @macalara

  • No entiendo muy bien a qué te refieres cuando usas la palabra “disruptivo”, un par de veces en el texto.

  • Hola Lyda,

    Gracias por tu pregunta que es muy importarte. El tiempo disruptivo es aquel que está marcado por cortas y bruscos cambios o alternacia entre actividades, a veces relacionadas a veces no. Es una consecuencia de la convergencia y la integración.

    Que estés en una reunión y de pronto llegue a tu teléfono un mensaje ( personal o de trabajo) que lees y respondes, es un ejemplo de tiempo disruptivo.

    Espero haber contestado tu pregunta. Saludos!

  • disruptivo, va.
    (Del ingl. disruptive).
    1. adj. Fís. Que produce ruptura brusca.

  • xzxcz Integración de Outlook & Facebook: ?quién gana, quién pierde?

  • VIcky Tejada

    Me parece que ambos pierden y ganan a la vez, es muy contradictorio que te analicen solo por un solo pensamiento de un solo momento y pierdas una gran oportunidad con respecto a las historias mencionadas, pienso que depende de uno lo que desea compartir tanto para empresas como para empleados mas o menos privacidad mucha mas prudencia talvez…….Muy interesante el post.
    Saludos,