Ese mito llamado “Neutralidad tecnológica”

La discusión acerca de la mentada neutralidad tecnológica suele acentuarse cuando hay elecciones presidenciales en cualquier país. Hace un tiempo me llamó la atención lo equivocado que estamos cuando pretendemos pedirle a un gobierno neutralidad tecnológica. Según un artículo sacado de Codigolibre, la conclusión es contundente: el Estado no puede ni debe ser neutral en materia tecnológica.

La discusión acerca de la mentada neutralidad tecnológica suele acentuarse cuando hay elecciones presidenciales en cualquier país. Hace un tiempo me llamó la atención lo equivocado que estamos cuando pretendemos pedirle a un gobierno neutralidad tecnológica. Según un artículo sacado de Codigolibre, la conclusión es contundente: el Estado no puede ni debe ser neutral en materia tecnológica.

El artículo me hizo mucho sentido, al punto que tuvimos un largo y sano debate con algunos destacados blogueros. Por allí,  me dijeron que esa era sólo una opinión y no la verdad absoluta. 100 por ciento de acuerdo. Pero cuando leo lo que Jens Hardings escribe sobre el tema, en Manzana Mecánica, me convenzo aún más de que mi postura tiene sólidos fundamentos. Reafirmándolo todo, Jardings señala: El estado no puede ser neutral en cuanto a tecnologías…

He querido aclarar el tema pues siento que los que pretenden pedirle neutralidad a un gobierno están muy equivocados. Para eso me centraré en los puntos más importantes que avalan mi convicción, la de varios colegas, la de Jens Hardings y la de muchos otros entendidos en la materia:

  • El primer error que se comete es tratar de convencer a nuestros políticos de la necesidad de “Neutralidad Tecnológica”, cuando en realidad esto no es posible de lograr. No se puede lograr neutralidad tecnológica cuando por definición, la tecnología no es ni puede ser neutral.
  • Otro error es pedir que el Estado permanezca neutral cuando la función del Estado es la de regular, arbitrar, nunca la de permanecer neutral. Dejar la elección de una determinada tecnología de forma masiva, o la conformación de un monopolio sin efectuar los ajustes necesarios para evitarlo, es tener un gobierno que renuncia a las funciones por las cuales fue electo.
  • Si la tecnología, cualquier tecnología, no es ni puede ser neutral, si el gobierno de turno no puede ni debe ser neutral, ¿qué podemos y debemos hacer?. Está claro: el gobierno debe promover que la tecnología por legir sea la más libre y más diáfana que podamos encontrar, una tecnología hecha por todos y para todos. En definitiva, una tecnología que, como el Software Libre, haya sido desarrollada para estar al servicio de todos y no para ser un instrumento de control y poder.
  • Hay quienes sostienen que el concepto de neutralidad tecnológica es una reacción de los actuales monopolios frente al fenómeno del Software Libre para perpetuar su condición de ventaja. Por el lado más filosófico, Andrew Feenberg ha recopilado antecedentes sobre pensamientos de Heidegger, Habermas y otros sobre el rol de la tecnología, en los cuales se puede concluir que ésta no es neutral.
  • No existe una definición clara ni única con respecto a Neutralidad Tecnológica. En la Wikipedia se plantean 2 clasificaciones (que en ningún caso son definiciones):
    • neutralidad vertical: referida a la igualdad de oferentes frente al estado como consumidor
    • neutralidad horizontal: que busca mantener un balance de diversos proveedores en el tiempo para evitar un monopolio por sus consecuencias negativas.
  • Si bien en muchos contextos se menciona que la política de un determinado país es de “neutralidad tecnológica”, no existe una definición clara al respecto. Muchos citan instructivos presidenciales que al poco tiempo de ser promulgados quedan obsoletos, y en los cuales no se define ni se menciona la neutralidad tecnológica. Lo más cercano que he podido encontrar (en un añejo documento de la Presidencia de la República de Chile, que data del año 201 y ya no está disponible) es un párrafo que dice:“Adoptar, progresivamente, estándares de la industria de tecnologías de información y comunicación, que permitan relacionar e interconectar distintos sistemas y diversas plataformas, de modo que sean abiertos y no propietarios“.

Por último, Jens Hardings nos alerta del por qué el término “neutralidad tecnológica” no debería ser utilizado:El término tiene diversas interpretaciones posibles. Dado que no existe una definición única y ni siquiera un intento por una definición oficial, sino un cúmulo de opiniones y definiciones de acuerdo a las convicciones o conveniencias del momento, no es posible siquiera conversar del tema en serio.

    1. Existen términos que describen mejor lo que se quiere decir en cada caso. Lo que se ha llamado neutralidad vertical calza bajo el tema de Imparcialidad tecnológica informada o simplemente “igualdad ante la ley”. Estas definiciones no tienen problemas de interpretación.
    2. El estado no puede ser neutral en cuanto a tecnologías. El punto es bastante simple. Las soluciones tecnológicas no son neutrales. Si bien al garantizar igualdad ante la ley o imparcialidad es posible utilizar cualquier tecnología, a partir del momento que se toma la decisión de utilizar un sistema específico se pierde la neutralidad.
    3. El estado no debe ser neutral en cuanto a tecnologías. Ya vimos que ser neutral implicaría una de dos opciones: no utilizar ninguna tecnología, o bien utilizarlas todas. Ambos casos son inviables. Pero aún sin ponerse extremistas, es deseable que el estado elija la mejor tecnología para resolver los problemas, y en tal sentido tampoco es neutral.
    4. La relación del estado frente al Software Libre. Como el tema de la neutralidad se esgrime en general al considerar el uso de Software Libre en el estado, es importante señalar algo al respecto: el uso preferente o no preferente de Software Libre en el estado no tiene ninguna relación con la neutralidad tecnológica, porque el estado estaría prefiriendo una forma de dar acceso a la tecnología que sea, y en ningún caso estaría prefiriendo una tecnología por sobre otra. Entonces, si un gobierno decretara que tiene una clara preferencia por software libre, eso no atenta en ningún caso contra una neutralidad tecnológica, ya que no está prefiriendo tecnologías. Por el contrario, son los proveedores los que eligen la forma en la que ofrecen acceso a sus tecnologías y es su decisión hacerlo al amparo del software libre o no.

Acerca del autor

Ricado Barra

Comunicador Audiovisual; Máster en Diseño y Comunicación Multimedia; Diplomado en Gestión de Proyectos Web. Experto en tecnologías digitales con énfasis en Usabilidad, Arquitectura de la Información, Mobile Web y Social Media. Profesor online de TICs en la UNIACC y autor del blog PlacerDigital.net. Amo el Rock.
Twitter: @Chuqui

  • Comparto una nota sobre la neutralidad. Me parece que es un punto de vista diferente al de la nota, esta es con el dinero que mueve quienes invierten:
    La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), organismo que regula las telecomunicaciones en EEUU, anunció esta semana un periodo de consulta pública sobre la neutralidad de la web.

    El objetivo de la FCC es “asegurar acceso universal a servicios asequibles de banda ancha de alta calidad; promocionar la innovación, la inversión y la competencia de banda ancha; y proteger y dar poder a los consumidores“.

    En concreto, el organismo está preparando unas normas sobre el tema después de presentar su plan de banda ancha, y las reacciones en contra no se hicieron esperar.

    Una de las propuestas es la del presidente de la FCC, el demócrata Julius Genachowski, que define al acceso a la banda ancha como un servicio de telecomunicaciones obligado a tratar de la misma manera a todo el tránsito de datos que recibe.

    La primera en reaccionar fue la operadora AT&T, que entre sus conocidos problemas de cobertura, de llamadas que se cortan y de filtraciones de datos personales, encontró tiempo para amenazar con que si se aprueban las normas, invertirá menos en infraestructuras.

    Por otro lado, el plan de Genachowski tiene el apoyo de muchas de las principales compañías de internet, que dicen que aseguraría que la FCC evite que las compañías de cable y teléfono decidan qué pueden hacer los usuarios en internet.

    Según el portal baquia.com, ahora llega un estudio, elaborado por el Instituto de Ley y Política de Comunicaciones Avanzadas de la Escuela de Derecho de Nueva York, que augura un negro futuro para la economía del país, entre 100.000 y 200.000 trabajos perdidos, si se aprueba la “desestabilizadora” normativa.

    El documento (que no duda en hacer chistes con el título de “Apocalypse Now”) alude precisamente a la falta de inversión que podría provocar la norma, y a que podría complicar los acuerdos entre empresas del sector, como los proveedores de contenido, los de aplicaciones o los de conexión a Internet, una preocupación que ya se había planteado.

    De todos modos, seguramente éste sólo sea el primero de los informes, estudios y comunicados contra la neutralidad que vamos a encontrarnos.

    Fuente: redusers