Ya todo está hecho, pero seguramente tú no lo has hecho

Uno de los pensamientos más comunes cuando alguien oye hablar de un emprendimiento, cualquiera que sea, es el de opinar con firmeza "eso ya está hecho". Una actitud que culturalmente ha progresado y que ha llevado a que muchas de las ideas se queden guardadas en el papel y en el instinto de cada persona.

Uno de los pensamientos más comunes cuando alguien oye hablar de un emprendimiento, cualquiera que sea, es el de opinar con firmeza “eso ya está hecho”. Una actitud que culturalmente ha progresado y que ha  llevado a que muchas de las ideas se queden guardadas en el papel y en el instinto de cada persona.

Una idea tiene muchísimos procesos que sumados concretan un proyecto. Deben ser originales, oportunas y tan fuertes que puedan sobrevivir  a la gran marea que tienen que enfrentar. En este post no quiero extenderme hablando de todos estos pasos, quiero referirme a uno en especial: el de aprender a confiar en el instinto, obviamente bajo una estructura, pero sin olvidar lo  valioso que es imprimir la propia personalidad  en cada emprendimiento. Las ideas toman un curso diferente si se comunican diferente.

Las personas han adquirido otro valor. Antes, uno descolgaba el teléfono y decía: soy Pipe Toro y trabajo en ( ) . Esa corporación le daba a uno la dimensión para  entrar con o sin poder en otros aspectos. Hoy las personas pueden ser mucho más poderosas que las corporaciones; su opinión y visión le interesan cada vez más a las grandes marcas, a las grandes masas y, por ende, se generan nuevos movimientos en la comunicación. Las personas quieren que les hablen personas, no corporaciones.

El mundo en el que se lanzaban mensajes categorizantes y el público los digería fácilmente ha desaparecido. Los medios tradicionales siguen perdiendo participación e influencia en la vida de las personas porque ya son ellas las que buscan los mensajes y ayudan a construir los medios. Es una realidad diferente y los nuevos emprendimientos que resultan exitosos parten de entender todo esto, incluso aquellos que compiten en las categorías tradicionales.

1156284_innovationUn ejemplo de esto es Jonas Soda (@jonessodaco) que entró a participar en la categoría más competida -bebidas carbonatadas – detectando una debilidad clara, la falta de personalización del producto y por lo tanto del mensaje. Tomar en cuenta a sus consumidores fue el gran aprendizaje de una empresa que en realidad no vende un nuevo producto. Así mismo, se podrían rescatar ejemplos muy sonados como el proceso de creación del Ipod. Era algo que ya estaba inventado y que finalmente resultó siendo el genérico de la categoría visualizando de una mejor forma todo el negocio, pero, por encima de todo, poniendo de plano toda la filosofía de una empresa -si se quiere pensar de una persona- y una forma de hacer las cosas con un lenguaje coherente. Si se piensa bien, los ejemplos son más comunes de lo que creemos.

Los artistas nos han enseñado hasta la saciedad como una cosa que parece común, no lo es tanto si se puede imprimir una visión personal sobre los proyectos, y cómo eso influye sobre grandes masas aún sin ser hecha con elementos lejanos. Esta visión sobre los emprendimientos personales es parte del atractivo. Muchas empresas lo han entendido así, incluso con simples detalles: el saludo en varios idiomas de Flickr o el take a deep breath de Skype hace que la gente sienta mucha más cercanía y afinidad. Sigue funcionando la frase muy cliché: los detalles enamoran.

Vivo en una parte del mundo donde las personas muchas veces se olvidan de sus fortalezas y tratan de imitar lo que ven afuera. Está bien estar informado y tener un nivel de comparación, esto genera cierto aprendizaje, pero hoy en día las más valiosas ideas son las que exploran adentro de las personas y pueden transmitir todo eso que se siente con tanta fuerza. Si algo nos destaca como latinoamericanos es precisamente esa fuerza.

Finalmente, hay que tener un equipo que crea en los mismos valores y que le imprima en todo momento algo de su personalidad. Pero sobre todo, hay que dejar de creer que “eso ya está hecho”, es una idea.