Los periodistas ya no somos superhéroes

Sólo hay un punto de acuerdo entre los allegados al periodismo. Es evidente que el periodismo está en crisis. Perdimos los superpoderes y eso es lo único que es cierto. ¿Quién tiene la culpa? ¿Cómo solucionarlo? ¿Hacia dónde debemos ir? No sabemos. El consenso no llega a tanto y al parecer eso mismo confirma la crisis.

¿Qué hacer ante el periodismo ciudadano? ¿Cómo adaptar el periodismo a la nueva dinámica comunicativa? ¿Todavía tenemos superpoderes? ¿Alguna vez los tuvimos? Esta columna de opinión nace tras la lectura de La tiranía de la comunicación de Ignacio Ramonet.

Sólo hay un punto de acuerdo entre los allegados al periodismo. Es evidente que el periodismo está en crisis. Perdimos los superpoderes y eso es lo único que es cierto. ¿Quién tiene la culpa? ¿Cómo solucionarlo? ¿Hacia dónde debemos ir? No sabemos. El consenso no llega a tanto y al parecer eso mismo confirma la crisis. Diría Umberto Eco que en esto de los medios hay algunos críticos apocalípticos y otros integrados. Lo que no dejó claro es que ambos conviven en los mismos periódicos, en las mismas escuelas y son parte de la misma nómina. Desde afuera el común de la gente sólo identifica a nuestro sector como el de “los periodistas” o el de “los medios”, sin notar los matices.

¿Cómo encontrar una solución si ni siquiera nos ponemos de acuerdo en nuestro propio gremio?

4056045_e57c654f17_mPara Ignacio Ramonet –y los apocalípticos en general- ser periodista es casi como vivir un martirio. Los profesionales de la información –según él- son casi esclavos del sistema mercantilista. Su tesis dibuja a un periodista condenado a empujar la misma piedra eternamente, como una especie de Sísifo posmoderno. Para él, la superabundancia de la información confunde a los receptores y limita su libertad. La cultura de masas pudre nuestra mente. La información de masas pudre nuestra mente. La comunicación de masas pudre nuestra mente. Con tantas veces que lo repite, hasta comienzo a creer que soy parte de una masa amorfa. ¿Pero realmente existen esas masas?

Como estudiante de periodismo y ávido consumidor de medios, he de confesar que me gusta beber Coca-Cola y navegar en Internet. ¿He perdido mi capacidad crítica por hacerlo? Mil veces al día me piden que beba Coca-Cola y hasta el momento aún no lo hago obedeciendo al comercial. Lo hago por la sed o por el sabor. Visito miles de sitios web diariamente y hasta el momento puedo decidir qué sitios leer y a cuales creerles. No soy un simio bebedor de refrescos ni soy un robot que hace click cada que me ofrecen alargar varios centímetros algunas partes de mi cuerpo. Los de la “masa” no somos tontos sólo por el hecho de consumir información masiva. A veces ni siquiera somos realmente una “masa”. Y los apocalípticos a veces lo olvidan.

Es cierto, estamos en crisis. Pero eso no quiere decir que los consumidores de información sean retrasados mentales. El periodismo debe estar consciente de las necesidades de sus lectores. Tanto las necesidades que ellos mismos conocen, como las que han ido olvidando. Tal vez el público prefiere los programas de “investigación periodística sobre el mundo del espectáculo” -léase programas de chismes- pero eso no quiere decir que el público no necesite buenos reportajes. A lo mejor nadie consume las mesas de debate porque no hay buenas mesas de debate. O mejor aún, las buenas mesas de debate no son tan buenas como ellos creen que son. A veces los periodistas están tan lejos del público que no pueden oír su opinión. ¿Es una sordera crónica de la opinión pública o Clark Kent descuidó mucho su trabajo por creerse Superman?

Probablemente peco de integrado al decir que los programas de chismes no son la causa de todos los males. Prefiero creer que en realidad los males se originan cuando esos programas tienden a ser los únicos. Los únicos que se producen y los únicos que se consumen. La culpa es compartida. Tanto de los integrados, como de los apocalípticos. Igual son responsables los periodistas que las audiencias. Sin olvidar a las cadenas mediáticas y a las empresas multinacionales. Cuando Paty Chapoy o Juan José Origel (periodistas de espectáculos) se convierten en los máximos representantes del periodismo, es evidente que la figura del periodista se ha deteriorado (y la situación empeora). Así es lógico que la gente desprecie al oficio. Nótese que hago una ejemplificación radical. ¿Pero cambiará mucho esa percepción si cambio los nombres por Javier Alatorre (TV Azteca) y Joaquín López Dóriga (Televisa)? (Y sólo estoy hablando de la situación mexicana, imagino que cada país tendrá sus propios nombres).

1109654_first_newsLos periodistas se vuelven sordos ante la opinión pública. Se siguen creyendo superhéroes que luchan contra el mal. La opinión pública ya no reconoce a los periodistas por tanto tiempo sin verlos hacer su trabajo. ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? Ah, no, sólo es un periodista… La figura del periodista profesional se pone en duda cuando los ciudadanos deciden hacer lo que los “periodistas” no han hecho en años. Como el mismo Ramonet apunta, el Internet permite a cada persona ser el jefe de información de su propio medio. Ya sea su propio blog, podcast, sitio web o mensajero instantáneo. ¿Se está perdiendo la libertad por superabundancia informativa como dicen los apocalípticos? No lo creo. Basta ver los reportajes ciudadanos que casi clandestinamente se transmiten desde Cuba. Si el Granma no lo publica, un blog personal de una mujer sí (Léase Generación Y). Aún con el riesgo de ser juzgada como enemiga de la revolución. Si los periodistas no recuperamos la confianza de la opinión pública, no nos confiará sus secretos nunca más. (Y aún así Ramonet se dedica a halagar al régimen de Fidel Castro…)

¿Entonces qué hacer si los ciudadanos ya no nos necesitan? En primera instancia, no menospreciarnos. El periodismo aún tiene mucho que aportar. Si cualquier ciudadano puede tomar fotos, los profesionales de la información debemos tomarlas mejor. Y si no podemos, debemos darles crédito. Honor a quién honor merece. Si la opinión pública ahora también se expresa en línea, los profesionales de la información debemos estar enterados de la dinámica online.  Hay que dejar de buscar culpables a la crisis del periodismo. Ni la dialéctica marxista del amo y el esclavo, ni la ultraderecha, ni los gobiernos fascistas tienen la culpa. O tal vez sí, pero no toda. La solución está en los cimientos mismos de la profesión. En el reporteo, en la redacción. Desde ahí debemos luchar. Desde ahí podemos luchar. Como Clark Kent y no como Superman. Los periodistas ya no somos superhéroes y en realidad nunca lo fuimos.

Acerca del autor

Jorge Tirzo

Jorge Tirzo es estudiante de periodismo en el Tecnológico de Monterrey y Editor Web de la revista Trecho (http://revistatrecho.com). Interesado en el periodismo cultural, la literatura experimental y el uso de las nuevas tecnologías para fines informativos. Twitter - @ztirzo Blog - http://tirzo.com.mx

  • ¿Los nuevos generadores de información se creerán también súperhéroes? El contenido de twitter es producido por el 10% de los usuarios, ¿cuál es el perfil del nuev periodista? A mi modo de ver, existe todavía gran desconfianza a los medios que no tienen una marca de hierro al rojo vivo en la nalga que diga “Reforma” o “El Universal”. Creo que los hoax nos han dejado una marca de desconfianza que condena a muchos nuevos medios. Este comentario tiene una base meramente anecdótica, supongo que sería interesante hacer investigación al respecto. Sin embargo, creo que, al menos en México, son pocos los receptores y, aún menos, los generadores de la información “independiente”. Quizás este fenómeno aún tarde.
    Hace poco ud. preguntó si los tuiteros eran gente que estudio/estudia en el tec de monterrey, ¿cuáles fueron sus resultados? Le pregunto porque instrumentos como el twitter, los blogs, el uso compartido twitter-facebook o la transmisión de información ajena los cuestionarios y las bolas de cristal son vistos como algo exótico, propio de maníacos de la computación (una vez más, esto proviene de lo anecdótico). Conozco a alguien que alguna vez alguien necesitaba enviar un documento a sus compañeros de clase, pero carecía de los correos electrónicos, le propuse enviar una nota en facebook transcribiendo el contenido. Ella repsondió, no, facebook no es para eso.
    Me hizo pensar que quizás, el grueso de la población feibuqeura busque un oasis de entretenimiento y jueguitos y no un nuevo medio y ni siquiera use twitter por la “hueva que me causa decir qué estoy haciendo”.
    Quizás y sea necesario evangelizar 😛

  • Le pregunto porque instrumentos como el twitter, los blogs, el uso compartido twitter-facebook o la transmisión de información ajena los cuestionarios y las bolas de cristal son vistos como algo exótico